Frio invierno , tristes recuerdos – Relato fantástico

Spread the love

Frio invierno , tristes recuerdos.

Caminaba sin prisa hacia la estación de trenes, mirando a su alrededor y notando, no sin algo de nostalgia, que, como años anteriores, el invierno había llegado para quedarse. Eso, sinceramente no le molestaba, pero ya no lo disfrutaba con la alegría de antes. Desde aquel incidente, los misterios del invierno ya no le cautivaban.

– ¡Phil! ¡A que no me alcanzas! – Dijo en tono burlesco mientras corría por la orilla del camino.

– Sabes que soy un tortuga, Aly. No como tú que pareces una liebre corriendo de aquí para allá.

Alyane, al escucharlo, se detuvo con aires de ofendida. – A ¿sí? – Pronunció en tono amenazante – Entonces tú eres un víbora sin pies- Y dicho esto le dio la espalda a su amigo de toda la vida. Éste desconcertado por su respuesta la miró en forma divertida.

– Aly, de hecho las víboras no tienen pies, son reptiles.- Rio a carcajadas, sabiendo que eso la haría sonrojar.

Había recordado aquello sin querer mientras se acomodaba en un rincón de la estación, donde nadie podría molestarla o notar su presencia. Su mente comenzaba a llenarse de recuerdos como aquel y, sin pensarlo, le subió el volumen a su reproductor. La canción que sonaba era Lay it Down de Aerosmith y no solo llegaba directamente a sus oídos sino que, también, a algo dentro de ella que quería explotar, salir en forma de lágrimas y derramarse sobre el piso sucio de aquel lugar.

Sonó el altavoz y una voz pastosa y no muy agradable anunció la llegada del tren número 208. Su transporte se acercaba. Se puso en pie con bastante pereza, y medio arrastrando los pies se dirigió al andén anunciado.

– ¡Aly! Deja de correr, sabes que era una broma. – Gritó Phil con una enorme sonrisa en su rostro.

– ¡Tu estupidez no tiene límites! – Chilló ella de vuelta, haciéndose la ofendida, y al mismo tiempo caminando más lento para que él pudiera alcanzarla.

Aquella era una tarde de invierno sublime. La nieve sobre los árboles y los bancos de las plazoletas que dejaban en el camino, las nubes en el cielo luchando por cubrir el majestuoso resplandor del sol y el viento que jugueteaba entre ellos, hacía que todo pareciese una belleza mitológica, de esas que son perfectas y que solo son reales en la mente de las personas. Ellos eran parte de ese paisaje, sintiéndose totalmente inmersos y absorbidos por él.

Llegaron a la parada de buses justo a tiempo para tomar aquél que los llevaría a casa.

– ¡Phil! – Gritó Aly de repente con esa euforia que la caracterizaba cada vez que se emocionaba.

– Chocolate – Pronunció él calmadamente, conociendo perfectamente sus pensamientos, y ese brillo en sus ojos que la delataba – tu pasión.

Subió tranquilamente al vagón de tren. Cuatro o cinco personas la siguieron con la misma tranquilidad, acostumbrados a sus rutinas y aburridos de aquello. Los miró, pero sin verlos, en realidad no le importaba la vida de esos que de manera distraída la miraban mientras recorrían, con la vista, el vagón para encontrarse, sin ninguna sorpresa, con un paisaje frío y conocido. Se acomodó en el asiento de siempre, en aquel que ya sentía como su espacio, sacó su libreta y garrapateó un par de líneas.

El bus comenzaba a avanzar mientras Phil le conversaba de mil cosas. Ella sólo asentía no comprendiendo mucho e intentando procesar todo aquello como si fuese de suma importancia. Hasta que llegaron a su parte favorita del camino. Por la ventanilla se podía ver un pequeño bosque después de aquel puente angosto y de una sola vía. Ese bosque era un auténtico misterio para Alyane, pues sólo en invierno, y a través de la floresta, podía observar una delicada y a la vez juguetona aurora boreal.

– En realidad yo nunca logro distinguir nada – Dijo resignado Phil – Aunque eso no quiere decir que no te crea – Anunció seguido de ver la cara de reproche de su querida amiga.

De pronto un súbito vaivén aterrorizó a los pasajeros, los frenos gritaron y la barandilla del puente cedió. Aly quiso aferrarse a Phil, pero éste ya no estaba a su lado, sino que había saltado hacia la parte fronteriza del bus y yacía como un muñeco en el cristal de la ventana del parabrisas. El bus caía hacia un río torrentoso sin nada que se lo impidiese. En un acto de sobrevivencia se acurrucó lo más que pudo en su asiento y gimió débilmente justo antes del impacto. Después de eso sólo hubo un silencio profundo.

Despertó agitada y sobrecogida por un sentimiento frío y cruel. Miró alrededor y se dio cuenta de que estaba sola, otra vez. La música se había detenido y notó que aquel espacio en el tren era demasiado grande para ella. El silencio dañaba sus oídos. Chequeó su reloj, aún faltaba para su parada. Notó que después de aquel incidente, nunca había vuelto a tomar un bus, aunque sabía que se demoraban mucho menos en el trayecto. Sintió sus manos libres y vio que la libreta esperaba tranquilamente en el suelo antes de ser recogida. La miró y leyó:

“El coraje de muchos es solo el miedo de no conocer grandezas”

Phil – Pensó. Recordó que él le había dicho aquella frase en el bus, antes de…

– Gracias – Murmuró – Porque aun no estando presente, te quedaste conmigo en mi memoria. – Y mientras sus labios anunciaban una pequeña sonrisa, una lágrima transparente y fugitiva se deslizaba por su helado rostro.

Frio invierno , tristes recuerdos – Relato fantástico por Amely

Radico en el Sur de Chile, hermoso país al fin del mundo.
Creo de manera fehaciente en el poder de las palabras. Empero, para mí, nada dice más que una acción desinteresada y que un silencio oportuno. Sin embargo, no hay que olvidar que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

Facebook Comments