La manzana de la discordia – Cuento Realista

La manzana de la discordia

Lilia era una hermosa trigueña de 19 años: ojos marrones, boca grande y un par de hoyuelos que enmarcaban con delicia su inmaculado rostro. Su carácter afable y dicharachero siempre le ganaban amigos allá donde fuera.

Rita era diametralmente opuesta: rubia, de grandes ojos azules, unos labios delgados, que la mayoría de las veces se apretaban en una línea de amargura. Era callada, introvertida y solía caminar detrás de su dulce hermana Lilia. No cumplía aún los 17, pero el permanente ceño en su frente la hacía parecer mucho mayor.

Sus padres habían muerto en un trágico accidente algunos años atrás; huérfanas de la noche a la mañana, Lilia se hizo cargo de ambas: lavando ropa ajena, haciendo mandados a los tenderos e incluso, limpiando casas. Su innato talento en la costura le granjeó varias clientas de buena posición en su barrio, dedicándose de lleno a crear diseños exclusivos para ellas. ¡El futuro se veía prometedor!

Una noche, en que Lilia trabajaba hasta tarde en el cuarto de atrás que empleaba como taller, escuchó un ruido. Detuvo la máquina de coser y aguzó el oído… Nada.

Continuó con su tarea, sin percatarse de que Rita estaba en el marco de la puerta, envuelta entre las sombras, bajo un grávido silencio.

Lilia terminó el vuelo del vestido y lo colocó en su maniquí para observarlo de cerca. Tarareaba una canción de moda, mientras buscaba algún defecto en su diseño (por supuesto que no lo había). Sin darse cuenta, Rita estaba de pronto a su lado, con una media sonrisa que se le antojaba superficial y anodina.

-Te he traído un bocadillo hermana. Debes estar muerta… De cansancio- Rita estiró sus pálidas manos y guardaba en ellas, una manzana hermosa y brillante.

Lilia tomó la manzana y le dio un pequeño mordisco: el jugo dulce de la fruta escurrió delicadamente entre sus labios. Saboreó la tersura de la pulpa y dio una segunda mordida, y al instante, sus ojos se abrieron desmesurados. Se llevó ambas manos a la garganta, buscando con brío, ¡el aire vital para sus pulmones! Cayó de rodillas, justo frente a su hermana, que la miraba con absoluta desidia.

Rita se mantuvo impávida, mientras los ojos marrones de Lilia se vaciaban. Con cada espasmo, un color granate se adueñaba del rostro de su hermana; la súplica silenciosa de sus pupilas no hace mella en su impío corazón… Unos segundos después, el cuerpo de Lilia sucumbe al estertor de la muerte. Su boca, ahora púrpura, ya no sonríe.

Rita se inclina y toma la manzana con recelo. Se obliga a poner la fruta dulce y mortífera, en la mano inerte de su hermana. Se queda observando el lúgubre cuadro mucho tiempo… Finalmente se queda dormida, apretándose al cuerpo silente de Lilia…

La manzana de la discordia por Evy Cáceres

De origen yucateco. Independiente y Soñadora. Apasionada. Amante de los libros. 38 años. Locuaz, pero centrada. Fascinada por el baile y conectada con la música.
Licenciada en Finanzas. Viajera intrépida y escritora aficionada.

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