Viernes 24 de Marzo de 1944 – Diario Biográfico

Viernes 24 de Marzo de 1944

Viernes 24 de Marzo de 1944 - Diario Biográfico
Viernes 24 de Marzo de 1944 – Diario Biográfico


Querida Kitty:

Últimamente subo mucho a la habitación de Peter por las noches a respirar algo del aire fresco nocturno. En una habitación a oscuras se puede conversar como Dios manda, mucho más que cuando el sol te hace cosquillas en la cara. Es un gusto estar sentada arriba a su lado delante de la ventana y mirar hacia fuera. Van Daan y Dusseme gastan bromas pesadas cuando desaparezco en la habitación de Peter. «La segunda patria de Ana», dicen, o «¿es conveniente que un caballero reciba la visita de una dama tan tarde por la noche, en la oscuridad?». Peter tiene una presencia de ánimo sorprendente cuando nos hacen esos comentarios supuestamente graciosos.

Por otra parte, Mamá es bastante curiosa y le encantaría preguntarme de qué temas hablamos, si no fuera porque secretamente tiene miedo a un rechazo por mi parte.

Peter dice que lo que pasa es que los mayores nos tienen envidia porque somos jóvenes y no hacemos caso de sus comentarios ponzoñosos.

A veces viene abajo a buscarme, pero eso también es muy penoso, porque pese a todas las medidas preventivas se pone colorado como un tomate y se le traba la lengua. ¡Qué suerte que yo nunca me pongo colorada! Debe ser una sensación muy desagradable.

Por lo demás, me sabe muy mal que mientras yo estoy arriba gozando de buena compañía, Margot esté abajo sola. ¿Pero qué ganamos con cambiarlo? A mí no me importa que venga arriba con nosotros, pero es que sobraría y no se sentiría cómoda.

Todo el día me hacen comentarios sobre nuestra repentina amistad, y te prometo que durante la comida ya se ha dicho no sé cuántas veces que tendremos que casarnos en la Casa de atrás, si la guerra llega a durar cinco años más. ¿Y a nosotros qué nos importan esas habladurías de los viejos? De cualquier manera no mucho, porque son una bobada. ¿Acaso también mis padres se han olvidado de que han sido jóvenes? Al parecer sí; al menos, siempre nos toman en serio cuando les gastamos una broma, y se ríen de nosotros cuando hablamos en serio.

De verdad no sé cómo ha de seguir todo esto, ni si siempre tendremos algo de qué hablar. Pero si lo nuestro sigue en pie, también podremos estar juntos sin necesidad de hablar. ¡Ojalá los viejos del piso de arriba no fueran tan estúpidos! Seguro que es porque prefieren no verme. De todas formas, Peter y yo nunca les diremos de qué hablamos. ¡Imagínate si supieran que tratamos aquellos temas tan íntimos!

Quisiera preguntarle a Peter si sabe cómo es el cuerpo de una chica. Creo que en los varones la parte de abajo no es tan complicada como la de las mujeres. En las fotos de dibujos de un hombre desnudo puede apreciarse perfectamente cómo son, pero en las mujeres no. Los órganos sexuales (o como se llamen) de las mujeres están más escondidos entre las piernas. Es de suponer que Peter nunca ha visto a una chica de tan cerca, y a decir verdad, yo tampoco. Realmente lo de los varones es mucho más sencillo.

¿Cómo diablos tendría que explicarle a Peter el funcionamiento del aparato femenino? Porque, por lo que me dijo una vez, ya me he dado cuenta de que no lo sabe exactamente. Dijo algo de la abertura del útero, pero ésta está por dentro, y no se la puede ver.

Es notable lo bien organizada que está esa parte del cuerpo en nosotras. Antes de cumplir los once o doce años, no sabía que también estaban los labios de dentro de la vulva, porque no se veían. Y lo más curioso del caso es que yo pensaba que la orina salía del clítoris. Una vez, cuando le pregunté a mamá lo que significaba esa cosa sin salida, me dijo que no sabía. ¡Qué rabia me da que siempre se esté haciendo la tonta!

Pero volvamos al tema. ¿Cómo diablos hay que hacer para describir la cosa sin un ejemplo a mano? ¿Hacemos la prueba aquí? ¡Pues vamos!

De frente, cuando estás de pie, no ves más que pelos. Entre las piernas hay una especie de almohadillas, unos elementos blandos, también con pelo, que cuando estás de pie están cerradas, y no se puede ver lo que hay dentro. Cuando te sientas, se separan, y por dentro tienen un aspecto muy rojo y carnoso, nada bonito. En la parte superior, entre los labios mayores, arriba, hay como un pliegue de la piel, que mirado más detenidamente resulta ser una especie de tubo, y que es el clítoris.

Luego vienen los labios menores, que también están pegados uno a otro como si fueran un pliegue. Cuando se abren, dentro hay un bultito carnoso, no más grande que la punta de un dedo. La parte superior es porosa: allí hay unos cuantos orificios por donde sale la orina. La parte inferior parece estar compuesta sólo por piel, pero sin embargo allí está la vagina. Está casi toda cubierta de pliegues de la piel, y es muy difícil descubrirla. Es tan tremendamente pequeño el orificio que está debajo, que casi no logro imaginarme cómo un hombre puede entrar ahí, y menos cómo puede salir un niño entero. Es un orificio al que ni siquiera con el dedo puedes entrar
fácilmente. Eso es todo, y pensar que todo esto juega un papel tan importante.

Tu Ana M. Frank



Sábado, 25 de marzo de 1944


Querida Kitty: Cuando una va cambiando, sólo lo nota cuando ya está cambiada. Yo he cambiado, y mucho: completa y totalmente. Mis opiniones, mis pareceres, mi visión crítica, mi aspecto, mi carácter: todo ha cambiado. Y puedo decirlo tranquilamente, porque es cierto, que todo ha cambiado para bien. Ya alguna vez te he contado lo difícil que ha sido para mí dejar atrás esa vida de muñeca adorada y venir aquí, en medio de la cruda realidad de regañinas y de mayores. Pero papá y mamá son culpables en gran parte de muchas de las cosas por las que he tenido que pasar. En casa veían con gusto que fuera una chica alegre, y eso estaba bien, pero aquí no debieron haberme instigado ni mostrado sólo el lado de las peleas y discusiones. Pasó mucho tiempo antes de darme cuenta de que aquí, en cuestión de peleas, van más o menos empatados. Pero ahora sé cuántos errores se han cometido aquí, por parte de los mayores y por parte de los jóvenes. El error más grande de papá y mamá con respecto a los Van Daan es que nunca hablan de manera franca y amistosa (aunque lo amistoso sólo sea fingido). Yo lo que quisiera es, ante todo, preservar la paz y no pelearme ni cotillear. En el caso de papá y de Margot no es tan difícil; en el de mamá sí lo es, y por eso está muy bien que ella misma a veces me llame la atención. Al señor Van Daan una puede ganárselo dándole la razón, escuchándole muda y sin replicar, y sobre todo… contestando a sus múltiples chistes y bromas pesadas con otra broma. A la señora hay que ganársela hablando abiertamente y cediendo en todo. Ella misma también reconoce sus fallos, que son muchos, sin regatear. Me consta que ya no piensa tan mal de mí como al principio, y sólo es porque soy sincera y no ando lisonjeando a la gente así como así. Quiero ser sincera, y creo que siéndolo se llega mucho más lejos. Además, la hace sentir a una mucho mejor.

Ayer la señora me habló del arroz que le hemos dado a Kleiman.

—Le hemos dado, y dado, y vuelto a dar —dijo—. Pero llega un momento en que hay que decir: basta, ya es suficiente. El propio señor Kleiman, si se toma la molestia, puede conseguir arroz por su cuenta. ¿Por qué hemos de dárselo todo de nuestras provisiones? Nosotros aquí lo necesitamos igual que él.

—No, señora —le contesté—. No estoy de acuerdo con usted. Tal vez sea cierto que el señor Kleiman puede conseguir arroz, pero le fastidia tener que ocuparse de ello. No es asunto nuestro criticar a quienes nos protegen. Debemos darles todo lo que no nos haga absolutamente falta a nosotros y que ellos necesiten. Un platito de arroz a la semana no nos sirve de mucho, también podemos comer legumbres.

A la señora no le pareció que fuera así, pero también dijo que aunque no estaba de acuerdo, no le importaba ceder, que eso ya era otra cosa.

Bueno, dejémoslo ahí; a veces sé muy bien cuál es mi lugar, y otras aún estoy en la duda, pero ya me abriré camino. ¡Ah!, y sobre todo ahora, que tengo ayuda, porque Peter me ayuda a roer bastantes huesos duros y a tragar mucha saliva.

De verdad no sé hasta qué punto me quiere o si alguna vez nos llegaremos a dar un beso. De cualquier manera, no quisiera forzarlo. A papá le he dicho que voy mucho a ver a Peter y le pregunté si le parecía bien. ¡Naturalmente que le pareció bien!

A Peter le cuento cosas con gran facilidad, que a otros nunca les cuento. Así, por ejemplo, le he dicho que más tarde me gustaría mucho escribir, e incluso ser escritora, o al menos no dejar de escribir aunque ejerza una profesión o desempeñe alguna otra tarea.

No soy rica en dinero ni en bienes terrenales; no soy hermosa, ni inteligente, ni lista; ¡pero soy feliz y lo seguiré siendo! Soy feliz por naturaleza, quiero a las personas, no soy desconfiada y quiero verlas felices conmigo.

Tuya, afectísima, Ana M. Frank


De nuevo el día no ha traído nada, ha sido como la noche cerrada.

(Esto es de hace unas semanas y ahora ya no cuenta. Pero como mis versos son tan contados, he querido escribírtelos.)



Lunes, 27 de marzo de 1944


Querida Kitty:

En nuestra historia escrita de escondidos, no debería faltar un extenso capítulo sobre política, pero como el tema no me interesa tanto, no le he prestado demasiada atención. Por eso, hoy dedicaré una carta entera a la política.

Es natural que haya muchas opiniones distintas al respecto, y es aún más lógico que en estos tiempos difíciles de guerra se hable mucho del asunto, pero… ¡es francamente estúpido que todos se peleen tanto por ella! Que apuesten, que se rían, que digan palabrotas, que se quejen, que hagan lo que les venga en gana y que se pudran si quieren, pero que no se peleen, porque eso por lo general acaba mal. La gente que viene de fuera nos trae muchas noticias que no son ciertas; sin embargo, nuestra radio hasta ahora nunca ha mentido. En el plano político, los ánimos de todos (Jan, Miep, Kleiman, Bep y Kugler) van para arriba y para abajo, los de Jan algo
menos que los de los demás.

Aquí, en la Casa de atrás, el ambiente en lo que a política se refiere es siempre el mismo. Los múltiples debates sobre la invasión, los bombardeos aéreos, los discursos, etc., etc., van acompañados de un sinnúmero de exclamaciones, tales como «¡Im-posii-ble! ¡Por el amor de Dios, si todavía no han empezado, adónde irremos a parrar! ¡Todo va viento en poo-pa, es-tu-penn-do, exce-lenn-te!»

Optimistas y pesimistas, sin olvidar sobre todo a los realistas, manifiestan su opinión con inagotable energía, y como suele suceder en todos estos casos, cada cual cree que sólo él tiene razón. A cierta señora le irrita la confianza sin igual que les tiene los ingleses su señor marido, y cierto señor ataca a su señora esposa a raíz de los comentarios burlones y despreciativos de ésta respecto de su querida nación.

Y así sucesivamente, de la mañana a la noche, y lo más curioso es que nunca se aburren. He descubierto algo que funciona a las mil maravillas: es como si pincharas a alguien con alfileres, haciéndole pegar un bote.

Exactamente así funciona mi descubrimiento. Ponte a hablar sobre política, y a la primera pregunta, la primera palabra, la primera frase… ¡ya ha metido baza toda la familia!


Como si las Werhmachtsberichte alemanas y la BBC inglesa no fueran suficientes, hace algunos días han empezado a transmitir un Luftlagemeldung estupendo, en una palabra; pero la otra cara de la moneda muchas veces decepciona. Los ingleses han hecho de su arma aérea una empresa de régimen continuo, que sólo se puede comparar con las mentiras alemanas, que son ídem de ídem.

O sea, que la radio se enciende ya a las ocho de la mañana (si no más temprano) y se la escucha cada hora, hasta las nueve, las diez o, a veces, hasta las once de la noche.Ésta es la prueba más clara de que los adultos tienen paciencia y un cerebro de difícil acceso (algunos de ellos, naturalmente; no quisiera ofender a nadie). Con una sola emisión, o dos a lo sumo, nosotros ya tendríamos bastante para todo el día, pero esos viejos gansos… en fin, que ya lo he dicho. El programa para los trabajadores,
Radio Orange, Frank Philips o Su Majestad la Reina Guillermina, a todos les llega su turno y a todos se les sigue con atención; si no están comiendo o durmiendo, es que están sentados alrededor de la radio y hablan de comida, de dormir o de política.

¡Uf!, es una lata, y si no nos cuidamos nos convertiremos todos en unos viejos aburridos. Bueno, esto ya no vale para los mayores…

Para dar ejemplos edificantes, los discursos de nuestro muy querido Winston Churchill resultan ideales.

Nueve de la noche del domingo. La tetera está en la mesa, debajo del cubreteteras.

Entran los invitados. Dussel se sienta junto a la radio, el señor delante, y Peter a su lado; Mamá junto al señor, la señora detrás, Margot y yo detrás del todo y Pim junto a la mesa. Me parece que no te he descrito muy claramente dónde se ha sentado cada uno, pero nuestro sitio tampoco importa tanto. Los señores fuman, los ojos de Peter se cierran, por el esfuerzo que hace al escuchar, mamá lleva una bata larga, negra, y la señora no hace más que temblar de miedo a causa de los aviones, que no
hacen caso del discurso y enfilan alegremente hacia Essen. Papá bebe un sorbo de té, Margot y yo estamos fraternalmente unidas por Mouschi, que ha acaparado una rodilla de cada una para dormir. Margot se ha puesto rulos, yo llevo un camisón demasiado pequeño, corto y ceñido. La escena parece íntima, armoniosa, pacífica,por esta vez lo es, pero yo espero con el corazón en un puño las consecuencias que traerá el discurso. Casi no pueden esperar hasta el final, se mueren de impaciencia por ver si habrá pelea o no. ¡Chis, chis! como un gato que está al acecho de un ratón, todos se azuzan mutuamente hasta acabar en riñas y disputas.

Tu Ana


Martes, 18 de marzo de 1944


Mi querida Kitty:

Podría escribirte mucho más sobre política, pero hoy tengo antes muchas otras cosas que contarte. En primer lugar, mamá me ha prohibido que vaya arriba, porque según ella la señora Van Daan está celosa. En segundo lugar, Peter ha invitadoMargot para que también vaya arriba, no sé si por cortesía o si va en serio.

En tercer lugar, le he preguntado a papá si le parecía que debía hacer caso de esos celos y me ha dicho que no.

¿Qué hacer? Mamá está enfadada, no me deja ir arriba, quiere que vuelva a estudiar en la habitación con Dussel, quizá también sienta celos. Papá está de acuerdo con que Peter y yo pasemos esas horas juntos y se alegra de que nos llevemos tan bien.

Margot también quiere a Peter, pero según ella no es lo mismo hablar sobre
determinados temas de a tres que de a dos.

Por otra parte, mamá cree que Peter está enamorado de mí; te confieso que me gustaría que lo estuviera, así estaríamos a la par y podríamos comunicarnos mucho mejor. Mamá también dice que Peter me mira mucho; es cierto que más de una vez nos hemos guiñado el ojo estando en la habitación, y que él me mira los hoyuelos de las mejillas. ¿Acaso debería yo hacer algo para evitarlo?

Estoy en una posición muy difícil. Mamá está en mi contra, y yo en la suya. Papá cierra los ojos ante la lucha silenciosa entre mamá y yo. Mamá está triste, ya que aún me quiere; yo no estoy triste para nada, ya que ella y yo hemos terminado.

¿Y Peter…? A Peter no lo quiero dejar. ¡Es tan bueno y lo admiro tanto!

Entre nosotros puede que ocurra algo muy bonito, pero ¿por qué tienen que estar metiendo los viejos sus narices? Por suerte estoy acostumbrada a ocultar lo que llevo dentro, por lo que no me resulta nada difícil no demostrar lo mucho que le quiero. ¿Dirá él algo alguna vez? ¿Sentiré alguna vez su mejilla, tal como sentí la de Petel en sueños? ¡Ay, Peter y Petel, sois el mismo! Ellos no nos comprenden, nunca comprenderán que nos conformamos con estar sentados Juntos sin hablar. No comprenden lo que nos atrae tanto mutuamente. ¿Cuándo superaremos todas estas dificultades? Y sin embargo está bien superarlas, así es más bonito el final.

Cuando él está recostado con la cabeza en mis brazos y los ojos cerrados, es aún un niño.

Cuando juega con Mouschi o habla de él, está lleno de amor. Cuando carga patatas o alguna otra cosa pesada, está lleno de fuerza. Cuando se pone a mirar los disparos o los ladrones en la oscuridad, está lleno de valor, y cuando hace las cosas con torpeza y falto de habilidad, está lleno de ternura. Me gusta mucho más que él me explique alguna cosa, y que no le tenga que enseñar algo yo. ¡Cuánto me gustaría que fuera superior a mí en casi todo!

¡Qué me importan a mí todas las madres! ¡Ay, cuándo me dirá lo que me tiene que decir!Papá siempre dice que soy vanidosa, pero no es cierto: sólo soy coqueta. No me han dicho muchas veces que soy guapa; sólo C. N. me dijo que le gustaba mi manera de reírme. Ayer Peter me hizo un cumplido sincero y, por gusto, te citaré más o menos nuestra conversación.

Peter me decía a menudo «¡Sonríe!», lo que me llamaba la atención.

Entonces, ayer le pregunté:

—¿Por qué siempre quieres que sonría?

—Porque me gusta. Es que se te forman hoyuelos en las mejillas. ¿De qué te
saldrán?

—Son de nacimiento. También tengo uno en la barbilla. Son los únicos elementos de belleza que poseo.

—¡Qué va, eso no es verdad!

—Sí que lo es. Ya sé que no soy una chica guapa; nunca lo he sido y no lo seré nunca.

—Pues a mí no me parece que sea así. Yo creo que eres guapa. —No es verdad.

—Créetelo, te lo digo yo.

Yo, naturalmente, le dije lo mismo de él.


Tu Ana M. Frank

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Miércoles, 29 de marzo de 1944 – En construcción