Ana Frank 

Abril 14 – Diario Biográfico Libro

Ana Frank 
Abril

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Viernes, 14 de abril de 1944


Querida Kitty:

Hay todavía un ambiente muy tenso. Pim está que arde, la señora está en cama con catarro y despotricando, el señor sin sus pitillos está pálido; Dussel, que ha sacrificado mucha comodidad, se pasa el día haciendo comentarios y objeciones, etc., etc. De momento no estamos de suerte. El retrete pierde y el grifo se ha pasado de rosca. Gracias a nuestros múltiples conocidos, tanto una cosa como la otra podrán arreglarse pronto.


A veces me pongo sentimental, ya lo sabes… pero es que aquí a veces hay lugar para el sentimentalismo. Cuando Peter y yo estamos sentados en algún duro baúl de madera, entre un montón de trastos y polvo, con los brazos al cuello y pegados uno al otro, él con un rizo mío en la mano; cuando afuera los pájaros cantan trinando cuando ves que los árboles se ponen verdes; cuando el sol invita a salir fuera; cuando el cielo está tan azul, entonces… ¡ay, entonces quisiera tantas cosas!

Aquí no se ven más que caras descontentas y gruñonas, más que suspiros y quejas contenidas, es como si de repente nuestra situación hubiera empeorado muchísimo.

De verdad, las cosas van tan mal como uno las hace ir. Aquí, en la Casa de atrás, nadie marcha al frente dando el buen ejemplo, aquí cada uno tiene que apañárselas para dominar sus ánimos.

Ojalá todo acabe pronto, es lo que se oye todos los días.


Mi trabajo, mi esperanza, mi amor, mi valor, todo ello me mantiene en pie y me hace buena.

Te aseguro, Kitty, que hoy estoy un poco loca, aunque no sé por qué. Todo aquí está patas arriba, las cosas no guardan ninguna relación, y a veces me entran serias dudas sobre si más tarde le interesará a alguien leer mis bobadas. «Las confidencias de un patito feo»: ése será el título de todas estas tonterías. De verdad no creo que a los señores Bolkestein y Gerbrandy les sea de mucha utilidad mi diario.


Tu Ana M. Frank


Sábado, 15 de abril de 1944


Querida Kitty:

«Un susto trae otro. ¿Cuándo acabará todo esto?» Son frases que ahora realmente podemos emplear… ¿A que no sabes lo que acaba de pasar? Peter olvidó quitar el cerrojo de la puerta, por lo que Kugler no pudo entrar en el edificio con los hombres del almacén. Tuvo que ir al edificio de Keg y romper la ventana de la cocina.

Teníamos las ventanas abiertas, y esto también Keg lo vio. ¿Qué pensarán los de Keg? ¿Y Van Maaren? Kugler está que trina. Le reprochamos que no hace nada para cambiar las puertas, ¡y nosotros cometemos semejante estupidez! Peter no sabe dónde meterse. Cuando en la mesa mamá dijo que por quien más compasión sentía era por Peter, él casi se echó a llorar. La culpa es de todos nosotros, porque tanto el señor Van Daan como nosotros casi siempre le preguntamos si ya ha quitado el cerrojo. Tal vez luego pueda ir a consolarlo un poco. ¡Me gustaría tanto poder ayudarle!

A continuación, te escribo algunas confidencias de la Casa de atrás de las últimas semanas:

El sábado de la semana pasada, Moffie se puso malo de repente. Estaba muy
silencioso y babeaba. Miep en seguida lo cogió, lo envolvió en un trapo, lo puso en la bolsa de la compra y se lo llevó a la clínica para perros y gatos. El veterinario le dio un jarabe, ya que Moffie padecía del vientre. Peter le dio un poco del brebaje varias veces, pero al poco tiempo Moffie desapareció y se quedó fuera día y noche, seguro que con su novia. Pero ahora tiene la na— riz toda hinchada y cuando lo tocas, se queja. Probablemente le han dado un golpe en algún sitio donde ha querido robar.

Mouschi estuvo unos días con la voz trastornada. Justo cuando nos habíamos propuesto llevarlo al veterinario también a él, estaba ya prácticamente curado.

Nuestra ventana del desván ahora también la dejamos entreabierta por las noches.

Peter y yo a menudo vamos allí a sentarnos después del anochecer.

Gracias a un pegamento y pintura al óleo, pronto se podrá arreglar la taza del lavabo.

El grifo que estaba pasado de rosca también se ha cambiado por otro.

El señor Kleiman anda ya mejor de salud, por suerte. Pronto irá a ver a un
especialista. Esperemos que no haga falta operarlo del estómago.

Este mes hemos recibido ocho cupones de racionamiento.

Desafortunadamente, para los primeros quince días sólo dan derecho a legumbres, en lugar de a copos de avena o de cebada. Nuestro mejor manjar es el piccalilly. Si no tienes suerte, en un tarro sólo te vienen pepinos y algo de salsa de mostaza.

Verdura no hay en absoluto. Sólo lechuga, lechuga y otra vez lechuga. Nuestras comidas tan sólo traen patatas y sucedáneo de salsa de carne.
Los rusos tienen en su poder más de la mitad de Crimea. En Cassino los ingleses noavanzan. Lo mejor será confiar en el frente occidental.

Bombardeos hay muchos y de gran envergadura. En La Haya un bombardero ha atacado el edificio del Registro Civil Nacional. A todos los holandeses les darán nuevas tarjetas de identificación.

Basta por hoy.


Tu Ana M. Frank


Domingo, 16 de abril de 1944


Mi querida Kitty:

Grábate en la memoria el día de ayer, que es muy importante en mi vida. ¿No es importante para cualquier chica cuando la besan por primera vez? Para mí al menos lo es. El beso que me dio Bram en la mejilla derecha no cuenta, y el que me dio Woudstra en la mano derecha tampoco. ¿Que cómo ha sido lo del beso? Pues bien, te lo contaré.

Anoche, a las ocho, estaba yo sentada con Peter en su diván, y al poco tiempo me puso el brazo al cuello. (Como era sábado, no llevaba puesto el mono.)

—Corrámonos un poco, así no me doy con la cabeza contra el armarito.

Se corrió casi hasta la esquina del diván, yo puse mi brazo debajo del suyo, alrededor del cuello, y por poco sucumbo bajo el peso de su brazo sobre mis hombros. Es cierto que hemos estado sentados así en otras ocasiones, pero nunca tan pegados como anoche. Me estrechó bien fuerte contra su pecho, sentí cómo me palpitaba el corazón, pero todavía no habíamos terminado. No descansó hasta que no tuvo mi cabeza reposada en su hombro, con su cabeza encima de la mía. Cuando a los cinco minutos quise sentarme un poco más derecha, en seguida cogió mi cabeza en sus manos y la llevó de nuevo hacia sí. ¡Ay, fue tan maravilloso! No pude decir gran cosa, la dicha era demasiado grande. Me acarició con su mano algo torpe la mejilla y el
brazo, jugó con mis rizos y la mayor parte del tiempo nuestras cabezas estuvieron pegadas una contra la otra.No puedo describirte la sensación que me recorrió todo el cuerpo, Kitty; me sentía demasiado dichosa, y creo que él también.

A las ocho y media nos levantamos. Peter se puso sus zapatos de deporte para hacer menos ruido al hacer su segunda ronda por la casa, y yo estaba de pie a su lado. No me preguntes cómo hice para encontrar el movimiento adecuado, porque no lo sé; lo cierto es que antes de bajar me dio un beso en el pelo, medio sobre la mejilla izquierda y medio en la oreja. Corrí hacia abajo sin volverme, y ahora estoy muy deseosa de ver lo que va a pasar hoy.

Domingo por la mañana, i i horas.


Tu Ana M. Frank


Lunes, 17 de abril de 1944


Querida Kitty:

¿Crees tú que papá y mamá estarían de acuerdo en que yo, una chica que aún no ha cumplido los quince años, estuviera sentada en un diván, besando a un chico de diecisiete años y medio? En realidad creo que no, pero lo mejor será confiar en mí misma al respecto. Me siento tan tranquila y segura al estar en sus brazos, soñando, y es tan emocionante sentir su mejilla contra la mía, tan maravilloso saber que alguien me está esperando… Pero, y es que hay un pero, ¿se contentará Peter con
esto? No es que haya olvidado su promesa, pero al fin y al cabo él es hombre.

Yo misma también sé que soy bastante precoz; a algunos les resulta un tanto difícil entender cómo puedo ser tan independiente, cuando aún no he cumplido los quince años. Estoy casi segura de que Margot nunca besaría a un chico si no hubiera perspectiva concreta de compromiso o boda. Ni Peter ni yo tenemos planes en ese sentido. Seguro que tampoco mamá ha tocado a un hombre antes que papá. ¿Qué dirían mis amigas y Jacque si me vieran en brazos de Peter, con mi corazón contra su pecho, mi cabeza sobre su hombro, su cabeza y su cara sobre mi cabeza?

¡Ay, Ana, qué vergüenza! Pero la verdad es que a mí no me parece ninguna vergüenza. Estamos aquí encerrados, aislados del mundo, presas del miedo y la preocupación, sobre todo últimamente. Entonces, ¿por qué los que nos queremos habríamos de permanecer separados? ¿Por qué no habríamos de besarnos, con los tiempos que corren? ¿Por qué habríamos de esperar hasta tener la edad adecuada? ¿Por qué habríamos de pedir permiso para todo?

Yo misma me encargaré de cuidarme, y él nunca haría nada que me diera pena o me hiciera daño; entonces, ¿por qué no habría de dejarme guiar por lo que me dicta el corazón y dejar que seamos felices los dos?

Sin embargo, Kitty, creo que notarás un poco mis dudas; supongo que es mi
sinceridad, que se rebela contra la hipocresía. ¿Te parece que debería contarle a papá lo que hago? ¿Te parece que nuestro secreto debería llegar a oídos de un tercero? Perdería mucho de su encanto, pero ¿me haría sentir más tranquila por dentro? Tendré que consultarlo con él.

Ay, aún hay tantas cosas de las que quisiera hablar con él, por que a sólo acariciarle no le veo el sentido. Para poder contarnos lo que sentimos
necesitamos mucha confianza, pero saber que disponemos de ella nos hará más fuertes a los dos.


Tu Ana M. Frank


P. D. Ayer por la mañana, toda la familia ya estaba levantada a las seis, ya que habíamos oído ruido de ladrones. Esta vez la víctima quizá haya sido uno de nuestros vecinos. Cuando a las siete controlamos las puertas del edificio, estaban herméticamente cerradas. ¡Menos mal!


Martes, 18 de abril de 1944


Querida Kitty:Por aquí todo bien. Ayer por la tarde vino de nuevo el carpintero, que empezó con la colocación de las planchas de hierro delante de los paneles de las puertas. Papá acaba de decir que está seguro de que antes del 20 de mayo habrá operaciones gran escala, tanto en Rusia y en Italia como en el frente occidental. Cada vez resulta más difícil imaginarme que nos vayan a liberar de esta situación.

Ayer Peter y yo por fin tuvimos ocasión de tener la conversación que llevábamos postergando por lo menos diez días. Le expliqué todo lo relativo a las chicas, sin escatimar los detalles más íntimos. Me pareció bastante cómico que creyera que normalmente omitían dibujar el orificio de las mujeres en las ilustraciones. De verdad, Peter no se podía imaginar que se encontrara tan metido entre las piernas.

La velada acabó con un beso mutuo, más o menos al lado de la boca. ¡Es una sensación maravillosa!

Tal vez un día me lleve conmigo el libro de las frases bonitas cuando vaya arriba, para que por fin podamos ahondar un poco más en las cosas. No me satisface pasarnos todos los días abrazados sin más, y quisiera imaginarme que a él le pasa igual.

Después de un invierno de medias tintas, ahora nos está tocando una primavera hermosa. Abril e s realmente maravilloso; no hace ni mucho calor ni mucho frío, y de vez en cuando cae algún chubasco. El castaño del jardín está ya bastante verde, aquí y allá asoman los primeros tirsos.

El sábado Bep nos mimó trayéndonos cuatro ramos de flores: tres de narcisos y un ramillete de jacintos enanos, este último para mí. El aprovisionamiento de periódicos del señor Kugler es cada vez mejor.

¡Tengo que estudiar álgebra, Kitty, ¡hasta luego!


Tu Ana M. Frank


Miércoles, 19 de abril de 1944


Amor mío:(Así se titula una película en la que actúan Dorit Kreysler, Ida Wüst y Harald Paulsen.)

¿Existe en el mundo algo más hermoso que estar sentada delante de una ventana abierta en los brazos de un chico al que quieres, mirando la Naturaleza, oyendo a los pájaros cantar y sintiendo cómo el sol te acaricia las mejillas? ¡Me hace sentir tan tranquila y segura con su brazo rodeándome, y saber que está cerca y sin embargo callar! No puede ser nada malo, porque esa tranquilidad me hace bien. ¡Ay, ojalá nunca nos interrumpieran, ni siquiera Mouschi!

Tu Ana M. Frank


Viernes, 21 de abril de 1944


Mi querida Kitty:

Ayer por la tarde estuve en cama con dolor de garganta, pero como ya esa misma tarde me aburrí y no tenía fiebre, hoy me he levantado. Y el dolor de garganta prácticamente ha «desaparecido».

Ayer, como probablemente ya hayas descubierto tú misma, cumplió cincuenta y cinco años nuestro querido Führer. Hoy es el ‘, 18.° cumpleaños de Su Alteza Real, la princesa heredera Isabel de York. Por la BBC han dicho que, contrariamente a lo que se acostumbra a hacer con las princesas, todavía no la han declarado mayor de edad. Ya hemos estado conjeturando con qué príncipe desposarán a esta beldad, pero no hemos podido encontrar al candidato adecuado. Quizá su hermana, la princesa Margarita Rosa, quiera quedarse con el príncipe Balduino, heredero de la corona de Bélgica…

Aquí caemos de una desgracia en la otra. No acabábamos de ponerle unos buenos cerrojos a las puertas, cuando aparece en escena Van Maaren. Es casi seguro que ha robado fécula de patata, y ahora le quiere echar la culpa a Bep. La Casa de atrás, como te podrás imaginar, está convulsionada. Bep está que trina. Quizá Kugler ahora haga vigilar a ese libertino.

Esta mañana vino el tasador de la Beethovenstraat. Nos ofrece 400 florines por el cofre; también las otras ofertas nos parecen demasiado bajas.Voy a pedir a la redacción de De Prins que publiquen unos de mis cuentos de hadas;

bajo seudónimo, naturalmente. Pero como los cuentos que he escrit o hasta ahora son demasiado largos, no creo que vaya a tener suerte.

Hasta la próxima, darling.

Tu Ana M. Frank


Martes, 25 de abril de 1944


QueridaKitty:

Hace como diez días que Dussel y Van Daan otra vez no se hablan, y eso sólo porque hemos tomado un montón de medidas de seguridad después de que entraron los ladrones. Una de ellas es que a Dussel ya no le permiten bajar por las noches. Peterel señor Van Daan hacen la última ronda todas las noches a las nueve y media,luego nadie más puede bajar. Después de las ocho de la noche ya no se puede tirar de la cadena, y tampoco después de las ocho de la mañana. Las ventanas no se abren por la mañana hasta que no esté encendida la luz en el despacho de Kugler, y por las noches ya no se les puede poner las tablitas. Esto último ha sido motivo para que Dussel se molestara. Asegura que Van Daan le ha soltado un gruñido, pero ha sido
culpa suya. Dice que antes podría vivir sin comer que sin respirar aire puro, y que habrá que buscar un método para que puedan abrirse las ventanas.

—Hablaré de ello con el señor Kluger —me ha dicho, y le he contestado que estas cosas no se discuten con el señor Kugler, sino que las resuelve el grupo en su conjunto.

—¡Aquí todo se hace a mis espaldas! —refunfuñó Tendré que hablar con tu padre al respecto.

Tampoco le dejan instalarse en el despacho de Kugler los sábados por la tarde ni los domingos, porque podría oírle el jefe de la oficina de Keg cuando viene. Pero Dussel no hizo caso y se volvió a instalar en el despacho. Van Daan estaba furioso y papá bajó a prevenirle. Por supuesto que se salió con algún pretexto pero esta vez ni papá lo aceptó. Ahora también papá habla lo menos posible con él, porque Dussel lo ha ofendido, no sé de qué manera, ni lo sabe ninguno de nosotros, pero debe de habersido fuerte.

¡Y pensar que la semana que viene el desgraciado festeja su cumpleaños!

Cumplir años, no decir ni mu, estar con cara larga y recibir regalos: ¿cómo casa una cosa con otra?


El estado del señor Voskuijl va empeorando mucho. Lleva más de diez días con casi cuarenta grados de fiebre. El médico dice que no hay esperanzas, creen que el cáncer ha llegado hasta el pulmón. Pobre hombre, ¡cómo nos gustaría ayudarle! Pero sólo Dios puede hacerlo.

He escrito un cuento muy divertido. Se llama «Blurry, el explorador», y ha gustado mucho a mis tres oyentes.

Aún sigo muy acatarrada, y ya he contagiado a Margot y a mamá y a papá.

Espero que no se le pegue también a Peter, quiso que le diera un beso y me llamó su El Dorado. ¡Pero si eso ni siquiera es posible, tonto! De cualquier manera, es un cielo.


Tu Ana M. Frank


Jueves, 27 de abril de 1944


Querida Kitty:

Esta mañana la señora estaba de mal humor. No hacía más que quejarse, primero por su resfriado, y porque no le daban caramelos, y porque no aguanta tener que sonarse tantas veces la nariz. Luego porque no había salido el sol, por la invasión que no llega, porque no podemos asomarnos por la ventana, etc., etc.

Nos hizo reír mucho con sus quejas, y por lo visto no era todo tan grave, porque le contagiamos la risa.

Receta del cholent de patatas, modificada por escasez de cebollas:Se cogen patatas peladas, se pasan por el pasapurés, se añade un poco de harina del
Gobierno y sal. Se untan con parafina o estearina las bandejas de horno o de barro refractario y se cuece la masa en el horno durante 2 1/2 horas.

Cómase con compota de fresas podridas. (No se dispone de cebollas ni de manteca para la fuente y la masa.)

En estos momentos yo estoy leyendo El emperador Carlos V, escrito por un
catedrático de la universidad de Gotinga, que estuvo cuarenta años trabajando en este libro. En cinco días me leí cincuenta páginas, más es imposible. El libro consta de 98 páginas, así que ya puedes ir calculando cuánto tiempo tardaré en leérmelo todo, ¡y luego viene el segundo tomo!

Pero es muy interesante.

¿A que no sabes la cantidad de cosas a las que pasa revista un estudiante de
secundaria como yo a lo largo de una jornada? Primero traduje del holandés al inglés un párrafo sobre la última batalla de Nelson. Después repasé la continuación de la Guerra Nórdica (1700-1721), con Pedro el Grande, Carlos XII, Augusto el Fuerte, Estanislao Leszczynsky, Mazepa, Von Görz, Brandeburgo, Pomerania anteriorciterior y Dinamarca, más las fechas de costumbre. A continuación, fui a parar al Brasil, y leí acerca del tabaco de Bahía, la abundancia de café, el millón y medio de habitantes de Río de Janeiro, de Pernambuco y Sáo Paulo, sin olvidar el río Amazonas; de negros, mulatos, mestizos, blancos, más del so % de analfabetos y de la malaria. Como aún me quedaba algo de tiempo, le di un repaso rápido a una genealogía: Juan el Viejo, Guillermo Luis, Ernesto Casimiro I, Enrique Casimirohasta la pequeña Margarita Francisca, nacida en Ottawa en 1943.

Las doce del mediodía: continué mis estudios en el desván, repasando diáconos, curas, pastores, papas… ¡uf!, hasta la una.

Después de las dos, la pobre criatura (¡ejem!) volvió nuevamente a sus estudios; tocaban los monos catarrinos y platirrinos. Kitty, ¡a que no sabes cúantos dedos tiene un hipopótamo!

Luego vino la Biblia, el Arca de Noé, Sem, Cam y Jafet. Luego Carlos V. En la
habitación de Peter leí El coronel de Thackeray, en inglés. Repasamos el léxico francés y luego comparamos el Misisipí con el Misuri.

Basta por hoy. ¡Adiós!


Tu Ana M. Frank


Viernes, 28 de abril de 1944


Querida Kitty:

Nunca he olvidado aquella vez en que soñé con Peter Schiff (veáse principios de enero). Cuando me vuelve a la memoria, aún hoy siento su mejilla contra la mía, y esa sensación maravillosa que lo arreglaba todo.

Aquí también he tenido alguna vez esa sensación con Peter, pero nunca en tal medida, hasta… anoche, cuando estábamos sentados juntos en el diván, abrazados, como de costumbre. En ese momento la Ana habitual se esfumó de repente, y en su lugar apareció la segunda Ana, esa segunda Ana que no es temeraria y divertida, sino que tan sólo quiere amar y ser tierna.

Estaba sentada pegada a él y sentí cómo crecía mi emoción, se me llenaban los ojos de lágrimas, la de la izquierda le cayó en el mono a Peter, la de la derecha me resbaló por la nariz, voló por el aire y también fue a parar al mono. ¿Se habrá dado cuenta?

Ningún movimiento lo reveló. ¿Sentirá igual que yo? Tampoco dijo casi palabra.

¿Sabrá que tiene frente a sí a dos Anas? Son todas preguntas sin responder.
A las ocho y media me levanté y me acerqué a la ventana, donde siempre nos despedimos. Todavía temblaba, aún era la segunda Ana, él se me acercó, yo lo abracé a la altura del cuello y le di un beso en la mejilla izquierda. Justo cuando quería hacer lo mismo en la derecha, mi boca se topó con la suya y nos dimos el beso allí. Embriagados nos apretamos el uno contra el otro, una y otra vez, hasta nunca acabar, ¡ay!


A Peter le hace falta algo de cariño, por primera vez en su vida ha descubierto a una chica, ha visto por primera vez que las chicas que más bromean tienen también su lado interior y un corazón, y que cambian a partir del momento en que están a solas contigo. Por primera vez ensu vida ha dado su amistad y se ha dado a sí mismo; nunca antes ha tenido un amigo o una amiga. Ahora nos hemos encontrado los dos, yo tampoco le conocía, ni había tenido nunca un confidente, y esto es lo que ha resultado de ello…

Otra vez la pregunta no deja de perseguirme: ¿Está bien? ¿Está bien que ceda tan pronto, que sea impetuosa, tan impetuosa y tan ansiosa como el propio Peter?

¿Puedo dejarme llevar de esa manera, siendo una chica?

Sólo existe una respuesta: estaba deseándolo tanto y desde hace tanto tiempo…

Estaba tan sola, ¡y ahora he encontrado un consuelo!


Por la mañana estamos normales, por la tarde también bastante, salvo algún caso aislado, pero por la noche vuelve a surgir el deseo contenido durante todo el día, la dicha y la gloria de todas las veces anteriores, y cada cual sólo piensa en el otro.

Cada noche, después del último beso, querría salir corriendo, no volver a mirar lelos ojos, irme lejos, para estar sola en la oscuridad.

¿Y qué me espera después de bajar los catorce escalones? La plena luz, preguntas por aquí y risitas por allá, debo actuar y disimular.

Tengo aún el corazón demasiado sensible como para quitarme de encima un golpe como el de anoche. La Ana blanda aparece muy pocas veces y no se deja mandar paseo tan pronto. Peter me ha herido como jamás me han herido en mi vida, salvo en sueños. Me ha zarandeado, ha sacado hacia fuera mi parte interior, y entonces ¿no es lógico que una quiera estar tranquila para restablecerse por dentro? ¡Ay, Peter! ¿Qué me has hecho? ¿Qué quieres de mí?

¿Adónde iremos a parar? ¡Ay, ahora entiendo a Bep! Ahora que estoy pasando por esto, entiendo sus dudas. Si Peter fuera mayor y quisiera casarse conmigo, ¿qué le contestaría? ¡Ana, di la verdad! No podrías casarte con él, pero también es difícil dejarle ir. Peter tiene aún poco carácter, poca voluntad, poco valor y poca fuerza. Es un niño aún, no mayor que yo por dentro; sólo quiere encontrar la tranquilidad y la dicha.

¿De verdad sólo tengo catorce años? ¿De verdad no soy más que una colegiala tonta? ¿De verdad soy aún tan inexperta en todo? Tengo más experiencia que los demás, he vivido algo que s casi nadie conoce a mi edad.

Me tengo miedo a mí misma, tengo miedo de que, impulsada y por el deseo, me entregue demasiado pronto. ¿Qué debo hacer para que no me pase nada malo con otros chicos en el futuro? ¡Ay, qué difícil es! Siempre está esa lucha entre el corazón y la razón, hay que escuchar la voz de ambos a su debido tiempo, pero ¿cómo saber a ciencia cierta si he escogido el buen momento?


Tu Ana M. Frank

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Martes, 2 de mayo de 1944