Del triunfo y el fracaso

Del triunfo y el fracaso – Reflexiones para estar bien

Autoayuda

Del triunfo y el fracaso

Una vieja casa se veía a lo lejos, solitaria, casi abandonada. No teniendo donde parar, decidimos pasar a ver si vivía alguien en ella que nos pudiera convidar un vaso con agua. A medida que nos acercabamos podíamos ver una tenue luz que asomaba en una de sus ventanas. Esto, nos dió la certeza de que alguien la habitaba. Llamamos a la puerta y la mirada de una anciana asomó tras las cortinas. Nos invitó a pasar rápidamente, tal vez aburrida de tanta ausencia. Pudimos confirmar que su soledad ya tenía varios años. Nos sirvió un poco de té con un rico pan con mermelada. Entre charlas nos compartió que realmente no se sentía tan sola. Sus hijos una vez por mes pasaban para asegurar de que nada le faltase. Sus hijos, que vivían en Buenos Aires.

-Además, mi prócer me acompaña durante todo el día – Dijo señalando un cuadro colgado en la pared.

-¿Su marido? – Pregunté inocentemente.

Ella suspiró… – Mi prócer… El decía que los jóvenes de hoy tienen la brújula gastada. No saben dónde está el norte. Nació en la pobreza, sin oportunidades. Sin embargo se entregó a la batalla de sol a sol. Apenas dormía para descansar. Nunca nos faltó el pan ni la alegría en la mesa. Hasta sabía jugar. Siempre me decía que la gente vive en un triste pasado. Luego despiertan, soñando un gran futuro que corren diariamente para alcanzar. Nerviosos, ansiosos, se pierden del presente. Que tragedia sería para mí, perderme en este instante, la sonrisa de mi hijo. Ver su plato lleno en la mesa, es mi gloria. ¿Me imaginas perdiendo mi vida por andar en penumbras? Además, cada instante, puede ser una oportunidad. Debo estar atento.-

La anciana, Amelia era su nombre, hizo una pausa y continuó. – ¿Sabe? Logró pagar un buen estudio a mis hijos. Nunca pintó la casa, por eso la casa está deteriorada. Pensaba, con toda claridad y justa razón, que esta morada no sería de nuestros hijos. Así fue. Estudiaron, se casaron y encontraron un hogar en un lugar con mejores oportunidades. Mi prócer… El triunfo es desafiarse, no rendirse, ser valiente, mi acción, mi confianza, tu sonrisa amor. No puedo quedarme clavado observando lo que no puedo cambiar. La derrota es como un martillo que necesito esquivar. Un pensamiento no puede darme por vencido. Además, en los instantes que guarda el presente están las victorias del mañana. Un sabio era mi marido. – 

Mis hijos insisten que viaje con ellos. Yo quise quedarme aquí. Ésta es mi casa, mi umbral. Además.. ¿Sabe? Yo me case prometiendo que lo acompañaría en las buenas y en las malas. Hasta la muerte. Pero mi deseo es hasta en la muerte. Cuando llegue mi día, le pedí a mis hijos que me entierren cerca de él. Ya saben que lo acompañaré hasta  donde sea. –

En esta instancia creo que hasta nuestras lágrimas brotaban sin que pudiéramos ver nada. De todas mis vacaciones esta es la menos olvidada.

Del triunfo y el fracaso por Walter Fernandez