Diario Biográfico de Ana Frank – 29 de marzo de 1944

Diario Biográfico de Ana Frank

Diario Biográfico de Ana Frank - 29 de marzo de 1944
Diario Biográfico de Ana Frank – 29 de marzo de 1944


Querida Kitty:

Anoche, por Radio Orange, el ministro Bolkestein dijo que después de la guerra se hará una recolección de diarios y cartas relativos a la guerra. Por supuesto que todos se abalanzaron sobre mi diario. ¡Imagínate lo interesante que sería editar una novela sobre «la Casa de atrás»! El título daría a pensar que se trata de una novela detectives.

Pero hablemos en serio. Seguro que diez años después de que haya acabado la guerra, resultará cómico leer cómo hemos vivido, comido y hablado ocho judíos escondidos. Pero si bien es cierto que te cuento bastantes cosas sobre nosotros, sólo conoces una pequeña parte de nuestras vidas. El miedo que tenemos las mujeres cuando hay bombardeos, por ejemplo el domingo, cuando So aviones ingleses tiraron más de media tonelada de bombas sobre IJmuiden, haciendo temblar las casas como la hierba al viento; la cantidad de epidemias que se han desatado.

De todas esas cosas tú no sabes nada, y yo tendría que pasarme el día escribiendo si quisiera contártelo todo y con todo detalle. La gente hace cola para comprar verdura y miles de artículos más; los médicos no pueden ir a asistir a los enfermos porque cada dos por tres les roban el vehículo; son tantos los robos y asaltos que hay, que te preguntas cómo es que a los holandeses les ha dado ahora por robar tanto. Niños de ocho a once años rompen las ventanas de las casas y entran a desvalijarlas. Nadie se atreve a dejar su casa más de cinco minutos, porque si te vas, desaparecen todas tus
cosas. Todos los días salen avisos en los periódicos ofreciendo recompensas por la devolución de máquinas de escribir robadas, alfombras persas, relojes eléctricos, telas, etc. Los relojes eléctricos callejeros los desarman todos, y a los teléfonos de las cabinas no les dejan ni los cables.

El ambiente entre la población no puede ser bueno; todo el mundo tiene hambre, la ración semanal no alcanza ni para dos días, salvo en el caso del sucedáneo del café.

La invasión se hace esperar, a los hombres se los llevan a Alemania a trabajar, los niños caen enfermos o están desnutridos, todo el mundo tiene la ropa y los zapatos en mal estado. Una suela cuesta 7,50 florines en el mercado negro. Además, los zapateros no aceptan clientes nuevos, o hay que esperar cuatro meses para que te arreglen los za patos, que entretanto muchas veces han desaparecido.

Hay una cosa buena en todo esto, y es que el sabotaje contra el Gobierno aumenta a medida que la calidad de los alimentos empeora y las medidas contra la población se hacen más severas. El servicio de distribución, la policía, los funcionarios, todos cooperan para ayudar a sus conciudadanos, o bien los delatan para que vayan a parar a la cárcel. Por suerte, sólo un pequeño porcentaje de la población holandesa colabora con el bando contrario.


Tu Ana


Viernes, 31 de marzo de 1944


QueridaKitty:

Imagínate que con el frío que aún hace, la mayoría de la gente ya lleva casi un mes sin carbón. ¿No te parece horrendo? Los ánimos en general han vuelto a ser optimistas con respecto al frente ruso, que es formidable. Es cierto que no te escribo tanto sobre política, pero ahora sí que tengo que comunicarte su posición: están cerca de la Gobernación General y a orillas del Prut, en Rumania. Han llegado casi hasta Odesa y han sitiado Ternopol, desde donde todas las noches esperan un comunicado extra de Stalin.

En Moscú tiran tantas salvas de cañón, que la ciudad se estremece a diario.

No sé si será que les gusta hacer como si la guerra estuviera cerca, o si es la única manera que conocen para expresar su alegría.

Hungría ha sido ocupada por tropas alemanas. Allí todavía viven un millón de judíos.

Ahora seguro que les ha llegado la hora.

Aquí no pasa nada en especial. Hoy es el cumpleaños del señor Van Daan.

Le han regalado dos paquetes de tabaco, café como para una taza, que le había guardado su mujer, Kugler le ha regalado ponche de limón, Miep sardinas, y nosotros agua de colonia; luego dos ramos de lilas, tulipanes, sin olvidar una tarta rellena de frambuesas y grosellas, un tanto gomosa por la mala calidad de la harina y la ausencia de mantequilla, pero aun así deliciosa.

Las habladurías sobre Peter y yo han remitido un poco. Esta noche pasará a
buscarme; muy amable de su parte, ¿no te parece?, sobre todo porque odia hacerlo.

Somos muy amigos, estamos mucho juntos y hablamos de los temas más variados.

Estoy tan contenta de que nunca necesite contenerme al tocar temas delicados, como sería el caso con otros chicos. Así, por ejemplo, hemos estado hablando sobre la sangre, y eso también abarca la menstruación, etc. Dice que las mujeres somos muy tenaces, por la manera en que resistimos la pérdida de la sangre así como así.

Dijo que también yo era muy tenaz. Adivina por qué.

Mi vida aquí ha mejorado mucho, muchísimo. Dios no me ha dejado sola, ni me dejará.


Tu Ana M. Frank


Sábado, 7 de abril de 1944


Mi querida Kitty:

Y sin embargo todo sigue siendo tan difícil, ya sabes a lo que me refiero, ¿verdad?

Deseo fervorosamente que me dé un beso, ese beso que está tardando tanto.

¿Seguirá considerándome sólo una amiga? ¿Acaso no soy ya algo más que eso?

Tú sabes y yo sé que soy fuerte, que la mayoría de las cargas las soporto yo sola.

Nunca he acostumbrado compartir mis cargas con nadie, nunca me he aferrado a una madre, pero ¡cómo me gustaría ahora reposar mi cabeza contra su hombro y tan sólo poder estar tranquila!

No puedo, nunca puedo olvidar el sueño de la mejilla de Peter, cuando todo estaba tan bien. ¿Acaso él no desea lo mismo? ¿O es que sólo es demasiado tímido para confesarme su amor? ¿Por qué quiere tenerme consigo tan a menudo entonces? ¡Ay, ojalá me lo dijera!

Será mejor que acabe, que recupere la tranquilidad. Seré fuerte, y con un poco de paciencia también aquello llegará, pero lo peor es que parece que siempre fuera yo la que lo persigue. Siempre soy yo la que va arriba, y no él quien viene hacia mí. Pero eso es por la distribución de las habitaciones, y él entiende muy bien el inconveniente. Como también entiende tantas otras cosas.


Tu Ana M. Frank


Lunes, 3 de abril de 1944


Mi querida Kitty:

Contrariamente a lo que tengo por costumbre, pasaré a escribirte con todo detalle sobre la comida, ya que se ha convertido en un factor primordial y difícil, no sólo en la Casa de atrás, sino también en Holanda, en toda Europa y aun más allá.

En los z i meses que llevamos aquí, hemos tenido unos cuantos «ciclos de comidas».

Te explicaré de qué se trata. Un «ciclo de comidas» es un período en el que todos los días comemos el mismo plato o la misma verdura. Durante una época no hubo otra cosa que comer que escarola: con arena, sin arena, con puré de patatas, sola o en guiso; luego vinieron las espinacas, los colinabos, los salsifíes, los pepinos, los tomates, el chucrut, etc.

Te aseguro que no es nada agradable comer todos los días chucrut, por ejemplo, y menos aún dos veces al día; pero cuando se tiene hambre, se come cualquier cosa; ahora, sin embargo, estamos en el mejor período: no se consigue nada de verdura.

El menú de la semana para la comida del mediodía es el siguiente: judías pintas, sopa de guisantes, patatas con albóndigas de harina, cholent de patatas; luego, cual regalo del cielo, nabizas o zanahorias podridas, y de nuevo judías. De primero siempre comemos patatas; en primer lugar a la hora del desayuno, ya que no hay pan, pero entonces al menos las fríen un poco. Hacemos sopa de judías pintas o blancas, sopa de patatas, sopa juliana de sobre, sopa de pollo de sobre, o sopa de judías pintas de sobre. Todo lleva judías pintas, hasta el pan. Por las noches siempre comemos patatas con sucedáneo de salsa de carne y ensalada de remolachas, que por suerte todavía nos quedan. De las albóndigas de harina faltaba mencionar que las hacemos con harina del Gobierno, agua y levadura. Son tan gomosas y duras que es como si te cayera una piedra en el estómago, pero en fin…

El mayor aliciente culinario que tenemos es el trozo de morcilla de hígado de cada semana y el pan seco con mermelada. ¡Pero aún estamos con vida, y a veces todas estas cosas hasta saben bien!


Tu Ana M. Frank


Miércoles, 5 de abril de 1944


Mi querida Kitty:

Durante mucho tiempo me he preguntado para qué sigo estudiando; el final de la guerra es tan remoto y tan irreal, tan bello y maravilloso. Si a finales de septiembre aún estamos en guerra, ya no volveré a ir al colegio, porque no quiero estar retrasada dos años.

Los días estaban compuestos de Peter, nada más que de Peter, sueños y
pensamientos, hasta que el sábado por la noche sentí que me entraba una tremenda flojera, un horror… En compañía de Peter estuve conteniendo las lágrimas, más tarde, mientras tomábamos el ponche de limón con los Van Daan, no paré de reírme, de lo animada y excitada que estaba, pero apenas estuve sola, supe que tenía que llorar para desahogarme. Con el camisón puesto me dejé deslizar de la cama al suelo y recé primero muy intensamente mi largo rezo; luego lloré con la cabeza apoyada en los brazos y las rodillas levantadas, a ras del suelo, toda encorvada. Un fuerte sollozo me hizo volver a la-habitación y contuve mis lágrimas, ya que al lado no
debían oírme. Entonces empecé a balbucear unas palabras para alentarme a mí misma: «¡Debo hacerlo, debo hacerlo, debo hacerlo…!» Entumecida por la inusual postura, fui a dar contra el borde de la cama y seguí luchando, hasta que poco antes de las diez y media me metí de nuevo en la cama. ¡Se me había pasado!

Y ahora ya se me ha pasado del todo. Debo seguir estudiando, para no ser ignorante, para progresar, para ser periodista, porque eso es lo que quiero ser. Me consta que sé escribir. Algunos cuentos son buenos; mis descripciones de la Casa de atrás, humorísticas; muchas partes del diario son expresivas, pero… aún está por ver si de verdad tengo talento.

«El sueño de Eva» es mi mejor cuento de hadas, y lo curioso es que de verdad no sé de dónde lo he sacado. Mucho de «La vida de Cady» también está bien, pero en su conjunto no vale nada. Yo misma soy mi mejor crítico, y el más duro. Yo misma sé lo que está bien escrito, y lo que no. Quienes no escriben no saben lo bonito que es escribir. Antes siempre me lamentaba por no saber dibujar, pero ahora estoy más que contenta de que al menos sé escribir. Y si llego a no tener talento para escribir en los periódicos o para escribir libros, pues bien, siempre me queda la opción deescribir para mí misma. Pero quiero progresar; no puedo imaginarme que tuviera que vivir como mamá, la señora Van Daan y todas esas mujeres que hacen sus tareas
y que más tarde todo el mundo olvidará. Aparte de un marido e hijos, necesito otra cosa a la que dedicarme. No quiero haber vivido para nada, como la mayoría de las personas. Quiero ser de utilidad y alegría para los que viven a mi alrededor, aun sin conocerme. ¡Quiero seguir viviendo, aun después de muerta! Y por eso le agradezco tanto a Dios que me haya dado desde que nací la oportunidad de instruirme y de escribir, o sea, de expresar todo lo que llevo dentro de mí.

Cuando escribo se me pasa todo, mis penas desaparecen, mi valentía revive.

Pero entonces surge la gran pregunta: ¿podré escribir algo grande algún día? ¿Llegaré algún día a ser periodista y escritora?

¡Espero que sí, ay, pero tanto que sí! Porque al escribir puedo plasmarlo todo: mis ideas, mis ideales y mis fantasías.

Hace mucho que he abandonado «La vida de Cady»; en mi mente sé perfectamente cómo la historia ha de continuar, pero me cuesta escribirlo. Tal vez nunca la acabe; tal vez vaya a parar a la papelera o a la estufa. No es una idea muy alentadora, pero si lo pienso, reconozco que a los catorce años, y con tan poca experiencia, tampoco se puede escribir filosofía.

Así que adelante, con nuevos ánimos, ya saldrá, ¡porque he de escribir, sea como sea!

Tu Ana M. Frank


Jueves, 6 de abril de 1944


Querida Kitty:

Me has preguntado cuáles son mis pasatiempos e intereses, y quisiera responderte, pero te aviso: no te asustes, que son unos cuantos.

En primer lugar: escribir, pero eso en realidad no lo considero un pasatiempo.

En segundo lugar: hacer árboles genealógicos. En todos los periódicos, libros y demás papeles busco genealogías de las familias reales de Francia, Alemania,España, Inglaterra, Austria, Rusia, Noruega y Holanda. En muchos casos ya voy bastante adelantada, sobre todo ya que hace mucho que llevo haciendo apuntes cuando leo alguna biografía o algún libro de historia. Muchos párrafos de historia hasta me los copio enteros.

Y es que mi tercer pasatiempo es la historia, y para ello papá ya me ha comprado muchos libros. ¡No veo la hora de poder ir a la biblioteca pública para documentarme!

Mi cuarto pasatiempo es la mitología griega y romana. También sobre este tema tengo unos cuantos libros. Puedo nombrarte de memoria las nueve musas y las siete amantes de Zeus, me conozco al dedillo las esposas de Hércules, etc., etc.

Otras aficiones que tengo son las estrellas de cine y los retratos de familia.

Me encantan la lectura y los libros. Me interesa mucho la historia del arte, sobre todo los escritores, poetas y pintores. Los músicos quizá vengan más tarde. Auténtica antipatía le tengo al álgebra, a la geometría y a la aritmética. Las demás asignaturas me gustan todas, especialmente historia.


Tu Ana M. Frank


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Martes, 11 de abril de 1944