Divina comedia Paraíso Canto III – Obra Poética

Paraíso

Divina comedia
Divina comedia por Dante Alighieri – Obra Poética

Canto III

Indice

El sol primero que me ardió en el pecho, 1
de la verdad habíame mostrado,
probando y refutando, el dulce rostro; 3

y yo por confesarme corregido
y convencido, cuanto convenía,
para hablar claramente alcé la vista; 6

mas vino una visión que, al contemplarla,
tan fuertemente a ella fui ligado,
que aquella confesión puse en olvido. 9

Como en vidrios diáfanos y tersos,
o en las límpidas aguas remansadas,
no tan profundas que el fondo se oculte, 12

se vuelven de los rostros los reflejos
tan débiles, que perla en blanca frente
no más clara los ojos la verían; 15

vi así rostros dispuestos para hablarme;
por lo que yo sufrí el contrario engaño 17
de quien ardió en amor de fuente y hombre. 18

En cuanto me hube dado cuenta de ellos,
creyendo que eran rostros reflejados,
para ver de quién eran me volví; 21

y nada vi, y miré otra vez delante,
fijo en la luz de aquella dulce guía
que, sonriendo, ardía en su mirada. 24

«No te asombre —me dijo— que sonría
de tu infantil creencia, pues tus plantas
en la verdad aún no has asentado, 27

mas vuelves a lo vano, como sueles:
lo que ves son sustancias verdaderas,
puestas aquí pues rompieron sus votos. 30

Mas háblales y créete lo que escuches;
porque la cierta luz que las aplaca
no deja que sus pies se aparten de ella.» 33

Y a la que parecía más dispuesta 34
para hablar, me volví, y comencé casi
como aquel a quien turba un gran deseo: 36

«Oh bien creado espíritu, que sientes
de los eternos rayos la dulzura
que, no gustada, nunca se comprende, 39

feliz me harías si me revelaras
cuál es tu nombre y cuál es vuestra suerte.»
Y ella, al momento y con ojos risueños: 42

«Puerta ninguna cierra nuestro amor
a un justo anhelo, como el de quien quiere
que se parezca a sí toda su corte. 45

Fui virgen religiosa en vuestro mundo;
y si hace algún esfuerzo tu memoria,
no ha de ocultarme a ti el ser aún más bella, 48

mas reconocerás que soy Piccarda,
que, puesta aquí con estos otros santos
santa soy en la esfera que es más lenta. 51

Nuestros afectos, que sólo se inflaman
con el placer del Espíritu Santo,
gozan del orden que él nos ha dispuesto. 54

Y nos ha sido dado este destino
que tan bajo parece, pues quebramos
nuestros votos, que en parte fueron vanos.» 57

Y dije: «En vuestros rostros admirables
un no sé qué divino resplandece
que vuestra imagen primera transmuta: 60

por ello en recordar no estuve pronto; 61
pero ahora me ayuda lo que has dicho,
y ya te reconozco fácilmente. 63

Mas dime: los que estáis aquí gozosos
¿deseáis un lugar que esté más alto
y ver más y ser más de Dios amigos?» 66

Sonrió un poco con las otras sombras;
y luego me repuso tan alegre,
cual si de amor ardiera al primer fuego: 69

«Aquieta, hermano, nuestra voluntad
la caridad, haciendo que queramos
sin más ansiar, aquello que tenemos. 72

Si estar más elevadas deseásemos,
este deseo sería contrario
a lo que quiere quien aquí nos puso; 75

lo cual, como verás, es imposible,
si estar en caridad aquí es necesse 77
y consideras su naturaleza. 78

Esencial es al bienaventurado
con el querer divino conformarse,
para que se hagan unos los quereres; 81

y así el estar en uno u otro grado
en este reino, a todo el reino place
como al Rey que nos forma en sus deseos. 84

Y en su querer se  encuentra nuestra paz:
y es el mar al que todo se dirige
lo que él crea o lo que hace la natura.» 87

Vi claramente entonces cómo el cielo
es todo paraíso, etsi la gracia 89
del sumo bien no llueva de igual modo. 90

Mas como cuando sacia un alimento
y aún tenemos más ganas de algún otro,
que uno pedimos y otro agradecemos, 93

hice yo así con gestos y palabras,
para saber cuál fuese aquel tejido
que hasta el fin no labró su lanzadera. 96

«Perfecta vida y méritos encumbran 97
—me dijo— a una mujer por cuya regla
se visten velo y hábito en el mundo, 99

para que hasta el morir se vele y duerma
con esposo que acepta cualquier voto
que a su placer la caridad conforma. 102

Del mundo, por seguirla, jovencita
me escapé, refugiándome en sus hábitos,
y prometí seguir por su camino. 105

Hombres no al bien, al mal, acostumbrados,
luego del dulce claustro me raptaron.
Dios sabe cómo fue mi vida luego. 108

Y aquel otro esplendor que se te muestra
a mi derecha y a quien ilumina
toda la luz que brilla en nuestra esfera, 111

lo que dije de mí, también lo digo;
fue monja, y de igual forma le quitaron
de la frente la sombra de las tocas. 114

Mas cuando fue devuelta luego al mundo
contra su voluntad y buena usanza,
nunca el velo del alma le quitaron. 117

Esta es la luz de aquella gran Constanza 118
que engendró del segundo al ya tercero
y último de los vientos de Suabia.» 120

Así me dijo, y luego: «Ave María»
cantó y cantando se desvaneció
como en el agua honda algo pesado. 123

Mi vista que siguió detrás de ella
cuanto le fue posible, ya perdida,
se dirigió al objeto más querido, 126

y por entero se volvió a Beatriz;
pero ella fulgió tanto ante mis ojos,
que al principio no pude soportarlo, 129
y por esto fui tardo en preguntarle.

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