El raro descubrimiento Relato

El raro descubrimiento Relato

Todo empezó en el año mil novecientos cincuenta, en ese entonces hubo un viajero que cuando atravesaba una mínima parte del extenso y cálido desierto del Sahara en Marruecos, vio sobre una duna un objeto metálico que brillaba desde lejos. El hombre se bajó del camello con mucha emoción;
pero descubrió que era una pequeña lámpara de aluminio de esas que arden con aceite. Le llamó mucho la atención ver alrededor del utensilio muchos símbolos raros y desconocidos, entonces recordó las historias que cuentan como unos seres llamados “genios” viven en el interior de tales cosas,
seducido por la idea de hallar un ser capaz de conceder sus deseos más ambiciosos y lujuriosos, empezó a frotar el caliente metal durante varios minutos y lo único que salió de la lámpara fue arena, con gran tristeza se subió al jorobado animal para retomar su camino, no quiso botar la lámpara
pues pensaba venderla o quizá darle uso en su casa.
Pasaron pocos días y al marroquí nadie le quiso comprar la fea lámpara después de muchísimos intentos de venta, en cierta tarde en donde ya acercaba el crepúsculo nocturno, el hombre regresaba a su vivienda muy contento después de haber hecho buenos negocios con algunos amigos, llegó y dejó el vehículo afuera comiendo, acarició ocho veces la peluda cabeza de su rumiante compañero, cuando abrió la puerta para entrar a descansar se quedó mudo e inmóvil, pues tuvo la desagradable sorpresa de encontrar su hogar saqueado, ya que un grupo de ladrones aprovechó para robar casi todo adentro de la solitaria casa excepto aquella lámpara de aluminio, dicho episodio difícil lo asimiló con extrema furia, juró encontrar a los bandidos y hacerles pagar muy caro (cosa que no se sabe si pudo lograrlo), él amargamente tuvo que superar todas las perdidas, sobre todo las alhajas finas pertenecientes a su difunta esposa.
Pasó el tiempo y después de mucho esfuerzo el hombre volvió a recuperar muchos de sus bienes, en una noche pacífica dormía de manera tan profunda que parecía estar en estado de coma, se hallaba únicamente en calzoncillo, roncando semejante al ruido de una motosierra y con los brazos muy extendidos como Cristo crucificado; sin embargo comenzó a toser bastante tanto así que se despertó, y vio para su angustia el humo que cubría casi toda la habitación, las indomables llamas estaban por llegar a su cama. Él por una ventana desesperadamente pudo escapar y con todo su dolor vio perder todas sus cosas en el feroz fuego, luego de que los vecinos lograran apagar el siniestro incendio que nadie sabe cómo sucedió, hallaron intacto el único objeto sobreviviente debajo de varias cosas derretidas, ¡sobrevivió la lámpara de aluminio! el hombre creía imposible que todas sus anteriores desgracias se debían por culpa de la misteriosa lámpara.
Transcurrió más el tiempo, y en una noche estrellada a la orilla del ancho lago Merja Zerga, se encontraba un solitario señor cargando con sus manos un pesado saco amarrado con una gruesa cadena, adentro estaba la vieja lámpara de aluminio junto con varias rocas grandes, todo fue lanzado con
fuerza e inmediatamente se hundió en la profundidad del agua, este sujeto casi llorando por el enojo dijo:
-Ahí nadie te encontrará desgraciado objeto, merecidas tengo mis desgracias por tomar algo desconocido que alguien por muchas justas razones abandonó.
Desde ese preciso momento jamás volvió a padecer sucesos tan raros en su vida, el último que padeció sucedió horas antes de visitar aquel lago, luego de abandonar el vasto lago él recordó durante todo el camino las palabras de varias personas que le aconsejaron deshacerse de aquel endemoniado objeto, cuando al fin llegó a su antiguo hogar estaba muy cabizbajo y desanimado, además lloraba con grandes lágrimas al ver los escasos restos de la casa, la cual
hace doce días atrás había terminado de restaurar del incendio, y que la misma se derrumbó por completo (mientras el dueño no estaba en ella) producto del efecto de un leve viento, y como siempre todo quedó en ruinas salvo la rara lámpara de aluminio.

El raro descubrimiento Relato por César Henrríquez Juárez