El titulo de esposa

El titulo de esposa – Poema de una mujer que no es feminista

Poemas

El titulo de esposa

Antes, en la época
de mi madre y mi abuela,
cuando los valores iban por delante,
a la par del pudor,
la decencia y la respetabilidad.

En aquel entonces,
una esposa era más que un título:

Era la señora de la casa,
la reina del hogar;

Una mujer que se enorgullecía
de cocinar,
de atender a los niños,
de pertenecer a su comunidad.

Parte de su orgullo,
era ir del brazo de su marido:
arreglarse para él,
ser su pareja en las fiestas.

Y una amiga, confidente,
además de amante y compañera.

No había razón
para romper un matrimonio,
salvo que el hombre en cuestión,
fuera un truhán,
un violento golpeador,
que no dejara opción alguna,
más que regresar
al hogar paterno sin mirar atrás.

Sí, quizá no tenían
un título universitario,
tampoco sabían de negocios
ni del mundo empresarial,
pero las esposas de ayer,
sabían cuando callar;
eran prudentes,
compasivas, amorosas,
y cabe decirlo,más felices…
Porque su felicidad
era tangible:

Una tarde en el parque con sus hijos,
un sábado por la mañana,
entre café y galletas,
departiendo en casa con las amigas.
Una cena familiar,
con postre casero incluido.

Hoy día, la comida viene enlatada;
los hijos crecen a la venia de dios,
o bajo el cuidado de un extraño,
porque usualmente
no hay tiempo para ellos.

Compramos su amor y exigimos obediencia;
no hay beso de buenos días,
ni quien nos abrace después
de una agotadora jornada.

Porque probablemente
firmaste un papel en el registro,
que te daba el título de esposa.
El cual no se ajustaba
al actual modelo feminista,

Ese que exige igualdad en salario,
y también en los quehaceres de la casa.

Así las cosas, preferiste
firmar otro documento legal:
el del divorcio,
que es sinónimo de “libertad”.

Ahora eres libre de trabajar
hasta 14 horas diarias,
para ganar sin duda alguna,
mucho menos de lo que gana,
tu par hombre en el mismo
puesto de oficina.

Eres libre de llegar a casa,
y encontrar a tus hijos durmiendo,
porque esa instrucción
le diste a la niñera en turno.

Descalzarte los tacones,
darte una ducha,
meter la cena al microondas
y seguir trabajando:

Fregar los platos, lavar la ropa,
una mordida al sándwich del OXXO,
y sigues con la aspiradora…

Un sorbo al café,
cepillarse los dientes,
irse a la cama ya de madrugada,
y dormir tres, cuatro horas,
antes de iniciar de nuevo.

El título de esposa
ya no es un requisito.
Ahora es preferible
ser madre soltera,
tener pareja al gusto:
sin condiciones ni salvedades.

¡Vamos! Que el feminismo
nos llena la boca,
y dicen las malas lenguas,
que hasta la cartera,
pero no el corazón,
ni mucho menos el alma…

¡Somos libres de tomar decisiones
y mantener una familia!

¿Quién necesita de un compañero, confidente o marido?
Cuando se puede tener,
amigos con derecho en la cama.

Eso es lo de hoy:
cero obligaciones,
nada de reclamos.

Nadie quiere ser esposa,
porque ser una verdadera esposa,
implica compromiso, perseverancia, entrega y esfuerzo.

Sí, es un trabajo de tiempo completo,
de lucha diaria:
pertenecer sin dejar ser,
compartir sin miramientos,
elegir tus batallas
y aprender a ceder;
complementar el universo matrimonial,
sin perder tu esencia,
no es tarea fácil,
no es una labor para cualquiera…

Y no es que vaya en contra
del avance profesional,
ni mucho menos
de la equidad en género.

Es que hemos ajustado
las reglas a conveniencia
y no medimos las consecuencias
de lo que perdemos en el camino,
al transitar la ruta
de un feminismo mal entendido.

Por la ambigüedad de ir
en contra de un sistema,
que vende amor exprés
en capítulos de novelas,
nos vestimos de traje
sastre y maletín de piel,
abrazamos el insomnio,
el chocolate y el café,
para negar contra todo anhelo
y pronóstico,
que el título de esposa
implica mucho más,
que un vestido blanco por tradición,
y la firma de un papel
en el juzgado…

El titulo de esposa – Poema por EGCV