Historia de un Anden – Relato – Pobreza y destino

Historia de un Anden

Era la mañana de un triste día de abril. Las palomas se asoman a los tenues rayos de sol en la terminal de trenes. Amanece la historia de un anden.

Aquí estaba Josesito, el niño de pantalón roto. De un lado a otro juega con su triste realidad. Recibe las miradas de desdén de cientos de personas. También hay días de lástima y cordialidad.

De vez en cuando, algunas monedas en su bolsillo se hacen escuchar. Sueña Josesito que hoy comerá. De vez en cuando sale afuera mirando al cielo cuando se cansa de tantos trenes que no cesan de pasar.

Sentado en la esquina se pregunta si alguna vez tuvo mamá, papá o algún hermano para jugar. Historias de cartón, pedazos de memoria que a veces cree recordar para no observar esas tristes hojas del árbol, que se quieren precipitar.

Escucha el viento. Vive el frío. Habla el hambre mientras se recuesta a descansar. Su cama es la ciudad, su casa, la gente que suele pasar.

Algún día alguien nunca se acercará. Algún día Josesito se equivocará, escapará sin querer regresar. Un día de lluvia su alma mojará los árboles. El espíritu del niño morirá en sus ojos. Esas vías rotas se van a encarnar.

Josesito se pregunta que edad tendrá. ¿Y ésta humanidad? ¿Cuál es la edad de ésta humanidad?

Son los primeros vestigios de luz en esta terminal donde miles de personas ven al niño jugar. Nadie se pregunta cuantas cosas podrían pasar.

Una infinita soledad se apodera cuando se colma de tanta vecindad. Corre Josesito. Juegas con una sociedad que no te quiere salvar. Sonríes inocente ante los ojos despiadados. Escapa de quien serás. Escapa que aún no estas lastimado de tanta triste crueldad.

Historia de un Anden – Relato – por Walter Fernandez

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