Misterios Relato

Misterios Relato

El intrépido explorador ruso Vasili Pudovkin, había recorrido muchas leguas de salada agua en su pequeña pero rápida embarcación, iba totalmente solo, pues nadie lo quiso acompañar en la peligrosa aventura, llevaba consigo un enorme revólver, cuchillos de diferentes tamaños, mapas de todos los continentes, una brújula militar, comida enlatada, agua potable, y otros objetos para la supervivencia en cualquier terreno complejo. Era el año de 1980 y el valiente hombre ya estaba cerca de atravesar todo el mar de Java, para llegar a su gran objetivo: El archipiélago Célebes de Indonesia.
De pronto observó no muy lejos de su barco una pequeña balsa que ya casi se hundía, sobre ella un hombre nativo de un grupo étnico de la región hacía desesperadas señas con las manos, el ruso muy precavido colocó su pistola en la cintura, todo eso para no ser víctima de alguna trampa. El desconocido hombre se subió al barco y empezó hablar mucho, parecía darle las gracias a Vasili; pero el explorador escuchaba sin entender nada de aquel extraño lenguaje, por lo cual no pudo saber el nombre o el motivo del naufragio del nativo de indonesia.
Navegaron más adelante y el indonesio señaló muy sonriente una de las miles de islas del alrededor, el ruso se detuvo en el lugar señalado, luego el hombre puso la mano derecha en la espalda de Pudovkin y levantó la izquierda al cielo, empezó a gritar fuertemente con los ojos cerrados, así
de manera misteriosa se despidió de su socorrista.
El explorador confundido retomó su destino, el cual era una misteriosa isla casi inexplorada, cuando al fin llegó eran como las dos de la tarde, caminaba sudado por la playa bajo un poderoso sol de verano, después atravesó una selva casi oscura debido al gran ramaje de los altos árboles, ahí sintió el
dolor en su cuerpo producido por el enjambre de mosquitos, cuyas picaduras eran como jeringas de hospital. Cuando atravesó por completo la muy poblada jungla miró con terror, que desde un enorme agujero en una pared de tierra, salió caminando soberbiamente un poderoso monstruo con
aspecto prehistórico: ¡era el temido dragón de Komodo!, aquel reptil que fue considerado como un mito durante décadas, se movía serpenteando con enorme agilidad a pesar de medir tres metros y tener cien kilogramos de peso, inmediatamente Vasili sin pensar dos veces corrió con todo su
aliento antes de ser descubierto por aquel feroz lagarto, el cual sacudía sin parar su larga lengua amarilla pues no soportaba el voraz apetito que a diario padece.
Ya lejos y a salvo de aquella fiera carnívora, se detuvo por varios minutos para recobrar fuerza y sobre todo respiración, más tarde logró calmarse bastante, el temblor en el cuerpo cesó entonces aprovechó para consultar su mapa, dicho papel comenzó a seguirlo estrictamente paso a paso hasta llegar a una montaña, ahí había una cueva en la que entró con demasiada preocupación también precaución, caminaba alumbrando con su linterna y el explorador sentía como si salguien lo observara, decidió salir de la sospecha por eso alumbró a una de la paredes y en eso descubrió algo espantoso: ¡un esqueleto humano! el asustado ruso quedó inmóvil; sin embargo estuvo más nervioso cuando se dio cuenta que por casi todo a su alrededor estaban muchos esqueletos, quienes fueron en vida los atrevidos exploradores que perecieron por buscar el milenario manuscrito que tanto anhelaba Vasili, Pudovkin trataba de averiguar que había matado a sus colegas; aunque no halló casquillos de balas u otras pistas para resolver el misterio, por lo que decidió seguir caminando aunque lo torturaba mucho el odioso miedo, incluso así no pensaba renunciar a la búsqueda después de tanto sufrimiento que padeció (los desvelos, las lluvias en alta mar, la soledad, etcétera).
El explorador ignoró además los miles de murciélagos inmóviles que colgaban del techo, el olor putrefacto todavía presente, la oscuridad espantosa, las paredes húmedas que transmitían un enorme frío, hasta llegar muy cansado a la pared final de la caverna.
Vio que un baúl estaba abierto; pero no había rastros del manuscrito, él con bastante paciencia empezó a buscar por todo el lugar, revisó los restos de las ropas de los cadáveres y abajo de un muerto encontró un pergamino viejo y aplastado. ¡Había hallado el legendario texto! iba a leerlo justo en ese momento; no obstante tuvo temor de encontrar los terribles secretos inscritos en tal cosa, solo se sabía que dicha reliquia contenía relatos de un misterioso cronista, el cual cuenta revelando lugares reales y fechas exactas, los varios hechos misteriosos de algunas civilizaciones perdidas del pasado lejano, también pensó Vasili: y si por culpa de leer el manuscrito, ¿mis colegas murieron? comenzó alegre a imaginar todos los premios que recibiría gracias al genial hallazgo, sueño que le obsesionaba desde varios años atrás, por eso mejor guardó el pergamino y caminó de prisa para abandonar el interior de la espantosa cueva.
Cuando estaba a punto de salir, un raro silbido se escuchó por todo el lugar, fue entonces sin que él quisiera un gigantesco escalofrió invadió su espalda, también afectó el resto de su cuerpo, forzosamente tuvo que detenerse y oyó atrás unos temibles gruñidos bastantes fuertes, él con rapidez
alumbró mas no había nadie, luego unos respiros violentos de alguien se acercaban cada vez más hacia él. Vasili sin mirar atrás corrió a toda prisa; pero sintió un dolor intenso en la parte izquierda de la cadera, así de manera extraña y difícil salió de la cueva, la misma de manera increíble empezó a
derrumbarse, enormes rocas bloquearon completamente la entrada. El explorador muy asustado no entendía nada de lo sucedido, revisó su cadera y estaba adolorida inexplicablemente, además para completar su desgracia, el valioso manuscrito ya no estaba en el bolsillo izquierdo de su
pantalón.
El hombre ruso regresó a su bote pensando quien lo había asustado, golpeado y robado. Él no halló nada de vida humana en toda esa isla, la cual exploró de manera exhaustiva. Triste y frustrado regresó a su natal Rusia, en donde no vivía desde hace muchos años, ahí contó todo lo sucedió a sus queridos familiares, camaradas, vecinos, etcétera; aunque casi nadie le creyó. Meses después un grupo de siete exploradores de diferentes países llegaron a la isla en donde Vasili estuvo, y para agrandar el enigma todas las posibles evidencias habían desaparecido de manera inexplicable para siempre, me refiero a: las rocas, los muertos, el pergamino, los murciélagos y por supuesto a el desconocido ser que atacó a Pudovkin. La cueva lucía limpia también renovada, les tomó por gran sorpresa a los siete hombres ver las varias hendiduras extrañas hechas por todo el piso, y nadie sabe hasta este día que fue exactamente todo lo que pasó.

Misterios Relato por César Henrríquez Juárez