Nacido para morir – Relato dramático

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Nacido para morir

“¿En donde más, sino que en pétalos de rosas, el ruiseñor puede descansar su lozanía?” – Creyó escuchar decir delicadamente a alguien mientras, con la vista nublada, sentía como la vida se le escapaba entre gráciles temblores.

El cielo estaba alegre, lleno de vida e ilusiones prometedoras, promesas que ya no le concernían, ilusiones que ya no le alcanzaban. Las nubes rehuían caprichosas de un perseguidor invisible, mientras que las aves cantaban alegres entre danzas y vuelos aletargados; y el viento, lleno de suspiros de doncellas melancólicas, le susurraba entre atisbos de ilusiones, que la paz estaba cerca, que se dejara llevar, que, en su majestuosidad benevolente, guiaría su alma más allá del simple panteón.

Cerró los ojos por un instante, convenciéndose de que era lo correcto, pensando que era así como tenía que ser, que para eso había sido entrenado, que, simplemente, era su destino por el hecho de ser soldado. Había nacido para serlo, había nacido para aprender el arte de la espada, de la lanza y el escudo.

Había nacido para morir.

Sin embargo su corazón se resistía, su mente se agitaba como si quisiera recordar algo, a alguien. Un recuerdo que no alcanzaba a llegar a ser lúcido, le impedía alcanzar el descanso tan anhelado para él en esos momentos.

Quiso ponerse en pie, y por primera vez desde que había recobrado la noción de vida, fue consciente de su situación. Como pudo alzó una de sus manos entumecidas y la llevó hasta su estómago. Una herida, que por el hecho de empezar en su espalda, atravesaba su cuerpo dándole la sensación de vacío.

El frío empezaba a ser más intenso y calaba, cual mil agujas en pieles, sus ya cansadas extremidades; quedando estas a merced de la inmovilidad. La neblina que antes se posaba solo a escasos centímetros de la húmeda tierra, se estaba colando como manantial en su cuerpo, logrando que todos sus sentidos se adormeciesen. Y de aquel recuerdo, tan nítido y ausente a la vez, no lograba sonsacar más que una imagen.

Una hermosa doncella sonriente con una rosa blanca en sus manos.

Sintió que volvía a enamorarse solo con recordarla y, quizás por la añoranza de verla otra vez, creyó vislumbrarla caminando hacia él en medio del campo de batalla. Creyó susurrar su nombre. Creyó sentirla acomodarse junto a él y que, mientras entonaba una dulce melodía, le acariciaba los cabellos como siempre lo había hecho, como siempre le había gustado que lo hiciera. Entonces, antes de que la vida se le escapara por completo, le susurró:

– Hasta el fin del mundo y de los tiempos.

Y justo en el instante en que él cerraba los ojos, presenció la sutil metamorfosis que sufría aquella rosa mientras se teñía de cálido carmesí, y entre dicha y melancolía sintió como suaves pétalos blancos comenzaban a adornar su cuerpo, al tiempo justo en que dedicaba su último pensamiento a la doncella de sus sueños. Y es que, aun naciendo soldado,  se había enamorado siendo solo un hombre.

Nacido para morir – Relato dramático por Amely

Radico en el Sur de Chile, hermoso país al fin del mundo.
Creo de manera fehaciente en el poder de las palabras. Empero, para mí, nada dice más que una acción desinteresada y que un silencio oportuno. Sin embargo, no hay que olvidar que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

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Comments 1

  • Una cruda realidad, descripta con mayúsculas.
    Muy buenas letras, amigaza
    Abrazotes