Picolo Cuento para compartir y reflexionar

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Picolo Cuento – Primera parte

En todos los pueblos (creo yo) existe un personaje como este, al que se le perdona casi todo, porque es inofensivo, no se mete con nadie, viste como le da la real gana, Balenciaga le suena a brandi, si te pones a hablar con él porque dé la casualidad que aún no esté borracho, porque borracho para él es que se caiga al suelo , que no pueda llegar a su casa, lo demás lo llama –tener un puntito- te cuenta muchas anécdotas para reírnos, le gusta que el que esté con él se ría con él, no de él, incluso había veces que decía unas cosas de una lógica aplastante que para nosotros pasan desapercibidas.
Vive en una casa muy vieja y desecha del final de la calle, no es suya, pero allí vive toda la vida, de hecho la llaman la casa del Picolo, tú le preguntas a alguien por el nombre de la calle y nadie lo sabe pero si le dices-la calle del Picolo- todo el mundo sabe la calle que es.
Picolo tiene un look especial y sobre todo muy personal, antes de que existieran las ONG de reciclaje, él ya reciclaba todo, que se encontraba una flor de plástico, se la ponía en el pelo largo y blanco que tiene, que se encontraba una bata de mujer que nosotros llamamos bambo, todo de flores grandes de colores, se lo ponía sin ningún complejo y ya no se lo quitaba hasta que los colores desaparecían, solo se intuían.
Una noche que hacía mucho aire, parecía un huracán, estaba en casa con un amigo de su misma pinta, bebiendo como es normal, su amigo le dijo “Picolo alguien está abriendo la puerta de la calle, ¿no lo oyes?” se quedaron en silencio y conforme se acercaban a la puerta el sonido aumentaba, bajaron la voz “ostia es verdad” dijo el Picolo, el amigo se fue a la cocina y trajo un cuchillo enorme, como si fuera a luchar contra un oso, se miraron los dos muertos de miedo y Picolo gritó” hemos llamado a la policía, su vai a enterar” pero el sonido de abrir la cerradura continuaba igual, el amigo le dijo con voz bajita “vamos a abrir de golpe enseñando el cuchillo y seguro que se asustan””vale a la de tres” uno, dos y tres Picolo desecho la llave y el amigo sacó lo primero el cuchillo todo esto con unos gritos de “Que pasa, os vamos a matar” pero allí no había nadie, solo mucho aire, se miraron y se echaron a reír a carcajadas “el cabron del aire que susto nos ha pegado” dijo Picolo”imaginate tú si te pilla a ti solo Picolo””anda dale la vuelta al cuchillo que te vas a cortar la mano”.
Los niños son maravillosos pero cuando tenemos diez u once años tenemos unas ideas muy crueles a veces, un día la pandilla de chavales estaban jugando con una bicicleta y en eso que Picolo llegó a su altura “Picolo quieres montar en bici?””No yo no sé””si te llevamos agarrado por el sillín y además puedes pisar el freno, si te montas te traemos una cerveza” ante semejante perspectiva no había duda en elegir montar en bici.
La calle hacia un poco de bajada, lo montaron y la bici cada vez ganaba más velocidad y de golpe miró para atrás y los chavales habían desaparecido, entonces agarró el freno con todas sus fuerzas hasta que se percató que frenos no habían, la bici iba a toda velocidad cuando no se sabe de dónde salió un carro lleno de alfalfa y Picolo se lo tragó enterito, el carretero se le acercó “Picolo estas bien””nunca me ha gustado el verde, el verde es para los conejos”.
Una noche de invierno que hacía mucho frio, porque aquí hace frio de narices, oyeron los vecinos gritar a Picolo y a oler a quemado, salieron corriendo y abrieron la puerta (entonces se echaba la llave de la casa solo cuando la gente se iba a dormir) vieron a Picolo gritar “María, María” los vecinos pensaban que alguna mujer estaba allí con él ¿? Y apagaron el fuego rápidamente, entre otras cosas porque solo estaba el catre, dos sillas y una mesa redonda de estilo indefinido, una cosa entre art decó y mesa Luis XV echa por él, lo sacaron a la calle pero continuaba gritando “María, María””pero Picolo que dentro no hay nadie””que si, lo que pasa es que aún no conoce la casa “todos se quedaron mirando y de golpe ven a Picolo que sale corriendo detrás de una perra “ ven aquí zorra, ¿de dónde vienes? Todas las mujeres sois iguales” la perra que se lo ve venir se dio la media vuelta y salió corriendo como alma que lleva el diablo” María no corras, si no te voy a hacer nada” le decía con un palo en la mano. Cuando regresó Picolo un vecino le dijo con sorna “eso para que te fíes de las hembras” “menos mi madre y la Virgen de la Soledad, todas son unas cualquieras” “pero Picolo si solo hay una Virgen” lo miró y se dio la media vuelta camino de su casa mientras decía “Ignorante, tú que sabrás”.
Una noche estrellada de sofocante calor, los vecinos sentados en la calle en grupitos hablando de todo y de todos tratando de olvidar el calor que hacia, uno de esos grupos era de los tres ó cuatro veinteañeros de la calle, uno de ellos dijo” este Picolo que nunca sale a tomar la fresca””queréis que pasemos una buena noche de risas?””¿Cómo?””Llevamos a Picolo a la casa de citas?”Todos se miraron y se echaron a reír” pero hombre no va a querer, si Picolo es de la acera de enfrente.
Pasaron a la casa de Picolo y estaba en su faena habitual (bebiendo) en el patio pequeño que tenia “oye Picolo ¿te vienes con nosotros? “¿A dónde?” “a una casa de citas, veras que bien lo pasamos””te lo pagamos nosotros””si es así, si “todos se miraron y se quedaron asombrados sin saber que decir  “Picolo se cambió de ropa, o sea que se quito el bambo de color indefinido y se atusó el pelo con las manos “ala, vamos” el casa de citas  estaba cerca porque en esta zona por pequeño que fuese el pueblo a la salida muy cerca todos tenían su “casa de las chiconas” estaban integradas en la sociedad del pueblo, había chiconas que se hicieron viejas en esas casas, con decir que había chiconas que hicieron hombres a los padres y a los hijos muchos años después.
Cuando llegaron el que se hacia el más gracioso enseguida dijo “para Picolo la Murciana” cuando ve acercarse una mujer no muy alta, de una edad aproximada entre veinte y sesenta años, Picolo tragó saliva “buenas noches guapos””Murciana te traemos a Picolo para que lo espabiles””pues ya estamos tardando” lo agarró de la mano y se lo llevó a la habitación, mientras ellos se reían sin parar imaginándose a Picolo con una mujer así.
Cuando entraron en la habitación la Murciana le dijo “cuánto tiempo sin verte” “ya lo creo, años” le contesto Picolo y le pregunto con cara seria “sabes algo de tú hermana ¿Cómo está?”
“en Barcelona continua, hace tiempo que dejó el oficio, se juntó con un hombre mayor” mientras hablaban ella sacó una baraja de cartas y comenzaron a jugar “ y a ti como te va, en este pueblo?””Bien Paca, aquí estoy bien, se ríen de mi pero me tratan bien, tengo donde dormir y la bebida me ayuda a no recordar”.
“¿no me vas a preguntar por ella?”Picolo tiró las cartas y se levantó, “vámonos, ya es la hora”
Cuando llegaron donde estaban los jóvenes la Murciana le hizo una caricia a PIcolo”cuando quieras vuelves” todos se quedaron mirándolo pensando que iban a pasar una noche de sorpresas y la sorpresa se la llevaron ellos.
Desde que lo llevaron a “las chiconas” los recuerdos ya no se amortiguaban ni con el alcohol, eran recuerdos de los que intentaba huir desde hace muchos años, momentos que marcaron su vida para siempre y de los que nadie tenía la menor idea, ya que se montó el personaje de Picolo para tratar de ser otra persona, pero por mucho que huyamos y por muy lejos que vayamos nuestras vivencias, para bien ó para mal nos acompañan allá donde vayamos.
Nadie conocía su verdadero nombre, ni su procedencia, ni la edad que tenia, su personaje de Picolo le vino muy bien desde que llegó al pueblo para que nadie le hicieran preguntas porque todos se limitaban a decir que estaba chiflado , no tenía amigos pero tampoco los quería, el solo quería pasar desapercibido y embriagado.
Cuando los recuerdos eran tan fuertes que no podía soportarlos, se marchaba por los campos vagando días enteros, por eso los vecinos cuando no lo veían decían “ya se ha ido Picolo a buscar espárragos” pero la realidad era bien distinta, era una especie de calvario en solitario que pasaba pensando en toda su vida, donde podía llorar sin que nadie lo viera, una vez incluso intento ahorcarse de un olivo, pero cuando estaba a punto de hacerlo, una niña con una bicicleta pasó por el camino tocando el timbre y sonriéndole, ya nunca volvió a intentarlo.
Lo que más le costaba era hacerse el borde porque como no lo había sido en toda su vida pues no le salía, por eso a veces contestaba agradable y otras de mal humor, lo cual hacia que tuviera a la gente sin saber que pensar, pero como los humanos tendemos a simplificar pues con decir que estaba medio loco todo se solucionaba.
Luego hacia cosas para dar credibilidad al personaje, como en primavera en la era de detrás de su casa crecían muchas amapolas, él se hacia un ramillete y se las ponía en el pelo (mejor se las hincaba en el pelo) porque ese pelo nunca supo que existían unas cosas que se llamaban peines y las vecinas le decían “que guapo estas Picolo” “verdad que si” decía él.
Un día desapareció durante un mes, pero como los vecinos estaban acostumbrados no lo echaron en falta, pero no le dijo a nadie a donde había ido ni a qué, solo yo me enteré después a donde había estado.
Yo que estaba estudiando no había reparado mucho en él, la verdad, pero un día sucedió algo que me dejo muy intrigado, pasaba por delante de su puerta y me llamó “vienes de estudiar a estas horas” era de noche y tarde “siéntate un rato hombre” “pero poco Picolo que mis padres se preocupan enseguida” mientras él salió al patio a buscar la otra silla, yo levanté unos trapos que tenia encima el catre y veo un libro, solo me dio tiempo a leer el titulo _Mitología Griega_
Me trajo la silla pero yo estaba sin saber que pensar ¿Cómo este hombre podía tener un libro de esas características? Ahí fue donde comencé a pensar que había algo más detrás de la fachada de este personaje “¿Picolo tu sabes leer?” “claro que se leer, aunque no sirve para nada” “ por qué dices eso?” “porque es verdad, lo que realmente vale es lo que aprendes en la calle en la vida, leer solo sirve para hacerte más preguntas y volverte loco””Picolo leer es cultura, es saber” “¿Y para qué sirve la cultura en este país?””La gente solo quiere tener la barriga llena y a su mujer a su lado””la cultura hace avanzar a los pueblos Picolo” “por eso estamos nosotros tan atrasados porque solo somos un país de futbol y toros””no todos Picolo a mi no me gustan los toros”” a mí tampoco, a mi me gustan las vacas”.
Aquella noche no pude dormir pensando en la conversación con Picolo.
Desde entonces yo procuraba pasarme por su casa, para tratar de enterarme de algo más pero no siempre hablaba de su vida, solo cuando él quería porque se sentía bajo de moral, así que las ocasiones eran escasas hasta que se me ocurrió aprovechar su debilidad por la bebida.
Ya sé que no era correcto pero era la única forma que tenia de poder saber algo de su vida.
Un día estaba tomándose una cerveza en un bar y yo me puse a su lado tomando otra cerveza, lo invité a otra cerveza porque a mí, como a toda mi familia nos gusta más escuchar que hablar, y comenzó a contarme ante mi asombro la Odisea de Ulises, yo lo escuchaba con la boca abierta, me habló de Ítaca “pero Picolo, ¿Cómo sabes tú tanto de estos temas?” me miró y me dijo “tú también eres de los que juzgan por las apariencias “”algún día te enseñaré una cosa si me prometes no decirlo a nadie” “te prometo que de mi boca no saldrá nada de lo que me digas ó enseñes”” entonces te enterarás de cosas que todos ignoran”.
Así fue como empezó mi relación con Picolo, yo intentaba hacerle pocas preguntas para que no se diera cuenta que me interesaba su historia “tú tienes mucho dinero?” “yo? Que va Picolo” “entonces porque me invitas siempre?”Pensé qué le contestaría para no levantar sospechas, pero afortunadamente opté por decir la verdad “porque me interesa tu historia, quiero saber quién está debajo de esos pelos mugrosos y sobre todo qué guardas en esa cabeza”.
Una tarde lo veo que llega al bar con un papel mugriento enrollado, se sentó conmigo y nada más sentarse pidió su cerveza, cuando se fue el camarero y sin decirme nada me entregó el papel, tuve la impresión antes de abrirlo de que me entregaba su vida.
El papel era un diploma manchado de toda clases de suciedad, cuando termine de desenrollarlo me quede alucinado, era un diploma de la universidad de Granada otorgando el titulo de Psiquiatría a nombre de Javier Antonio De Gonzalo Martínez con una foto tipo carnet de un joven guapo y bien vestido, tuvo que ver la cara que yo ponía porqué me dijo “cierra la boca que te van a entrar moscas” “ pero Picolo ¿este eres tú?”” no soy, era, hace muchos años renuncié a ser esa persona” con la mirada perdida en el horizonte continuó contándome”” la vida a veces se enzarza con una persona y si quieres vivir solo hay dos caminos, te dejas hundir ó matas a la persona que eras y renaces como otra”.
“Pero Picolo ¿porqué ese cambio tan radical?”porque así era más difícil que nadie me reconociese, yo solo quería que nadie me reconociera y vivir en paz” pedimos otra cerveza y continuó “mi familia era, bueno es de la burguesía Granadina, estudié Psiquiatría para tratar de comprender al ser humano, pero después comprendí que los humanos son incomprensibles por idiosincrasia , estuve dando clases en un instituto de Málaga hasta que conocí a la Paca en una casa de citas, te juro que era la mujer más guapa que te puedes imaginar, mata de pelo negro, ojos grandes y expresivos, cuando la vi me quedé prendado de ella”.
“Comencé a frecuentar el local casi diariamente y me enamoré locamente de esa Afrodita cordobesa, con veinticinco años uno es muy romántico y enamoradizo, yo la llamaba Afrodita porque a ella le parecía parisino el nombre, bendita inocencia, yo la amaba con locura, la saqué del local y nos alquilamos un pisito en la calle Larios, fueron los dos años más felices de mi vida” una lágrima rodó por su rostro mientras me decía esto.

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Picolo Cuento para compartir y reflexionar por: Andrés Montiel Amezcua

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