RIZOS DE ORO Cuento y realidades

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RIZOS DE ORO

Elena se despereza lentamente.
Tenues rayitos de luna se filtran por su ventana. Se frota los ojos con indolente afán. Sabe que no importa la hora ni dónde está. Hace mucho que dejó de preocuparse por la geografía y el cúmulo del tiempo en su reloj de arena… Se da vuelta en la cama; el canto de los grillos no la deja seguir su rutina habitual. Se levanta con desgano y se asoma entre los barrotes. El aire tibio se cuela por las rendijas y le provoca un escalofrío. Debido a que nunca se abren las ventanas, su vestimenta nocturna consta de un camisón de seda, vaporoso y transparente. Sin ropa interior. Tampoco la necesita… Mira a su alrededor: los utensilios de siempre. Una cama de estilo vintage, con un perfecto dosel y sábanas impecablemente limpias. Una pequeña cómoda, sobrios tapices y el rústico baño. Dirige la mirada hacia el techo: ¡oh, sí! Lo olvidaba, el estúpido espejo, con su estúpido reflejo y su manía de recordarle que es por esa imagen, por la que está presa en ese infierno sin salida.

Puede distinguir sus ojos grises envueltos en largas pestañas, la nariz pequeña, algo respingona y salpicada de pecas; labios delgados resguardando una dentadura blanca y perfecta. Y su cabello… ¡Su maldito cabello rubio, ondulado, cubriendo su espalda, como si de una cascada dorada se tratara! Le habían dado su nombre en base a su inmaculado cabello: Rizos de oro… Ya había perdido la cuenta de las veces que gritaron su “alter ego” entre gemidos, de las manos que profanaron su cuerpo, del silencio que se acumulaba en el vacío.

Elena retira la vista del espejo. Una lágrima resbala por su mejilla y la detiene furiosa, antes de que se convierta en un río sin cauce… Se obliga a respirar con calma. Su boca trémula, contiene por fin los sollozos. Inhala… Exhala… Inhala… … Ojalá pudiera simplemente dejar de respirar… Su cuerpo esbelto se estremece, mientras sigue conteniendo el aire, dilatando sus pulmones… Finalmente, la inercia hace su trabajo y exhala compulsivamente… Una vez más se obliga a recordar: Elena. 16 años. Vendida por sus padres cuando cumplió nueve. Desde entonces vive, ¿vive?, perdida entre cuatro paredes, obligada a representar el papel de “Rizos de oro”: la niña que juega, callada y ausente. La mujer que todavía no es… Amante dócil e indiferente…

De origen yucateco. Independiente y Soñadora. Apasionada. Amante de los libros. 38 años. Locuaz, pero centrada. Fascinada por el baile y conectada con la música.
Licenciada en Finanzas. Viajera intrépida y escritora aficionada.

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