Trabajo encubierto Relato

Trabajo encubierto Relato

Hace no mucho tiempo Alfred Notch o mejor conocido por su nombre clave: Michael kay, era un habilidoso y condecorado agente secreto que trabajaba para una oficina secreta de un importante país, a él lo infiltraron en otra nación como sustituto temporal de un empleado al cual habían enfermado de tuberculosis, al señor le administraron la mortal bacteria tuberculosa adentro del vaso con café que bebió alegremente, la anterior trampa fue hecha gracias al mesero sobornado de un restaurante prestigioso. Notch en su primer día se presentó temprano a trabajar como científico del laboratorio secreto y subterráneo, en ese lugar se la pasaban creando avanzadas tecnologías de inteligencia militar, la misión era simple: robar toda la secreta
información de la tecnología avanzada del país rival.
En un cubículo colocaron a Alfred quien vestía de saco y corbata, se puso una bata larga y blanca, además llevaba unos anteojos grandes y redondos. Lo pusieron como el encargado de hacer pruebas a unas cámaras espías inteligentes, ellas tenían la forma de insectos voladores, es decir: moscas, mosquitos, cucarachas, abejas y entre otros, él comenzó tranquilamente a trabajar; pero en cualquier momento haría su verdadera labor.
Tiempo más tarde el administrador del complejo se dirigió a donde Notch, y le dijo: -oiga señor kay, quiero después de que termine con las nano cámaras, analice por favor a nuestro espléndido dron X25, necesito la opinión de un doctor tan calificado como usted, en eso el hombre encubierto puso
su mano derecha en el hombro del encargado de aquel sitio, y respondió: -enseguida iré jefe.
Era la oportunidad perfecta para conseguir los datos, pues Alfred robó la tarjeta de acceso al administrador mientras éste se distrajo, dicha tarjeta abriría la puerta del cuarto que contenía toda la información de todos los inventos y secretos reunidos en una sola computadora, después entró con mucho
sigilo y descargó todos los datos distribuidos en: imágenes, videos, textos y hasta miró el balance financiero del millonario laboratorio.
Luego el agente se dirigió a manipular un asesino dron equipado con todo tipo de armas demasiado destructivas, todo esto realizaba para seguir disimulando, ya pronto sería la hora de almuerzo y ahí pensaba escapar exitosamente. En eso las alarmas comenzaron a sonar desesperadamente, entonces Alfred por reflejo sacó a vista de todos una pequeña pistola hecha de material indetectable, la cual escondió adentro del pantalón; no obstante las ensordecedoras alarmas sonaron por culpa de un gas tóxico que se escapó de una válvula averiada, por desgracia el doctor Michael ya había sido
descubierto.
Después el espía corrió matando con mucho frenesí a casi todo el personal, obligó violentamente al último sobreviviente a: entregar la tarjeta de seguridad para abrir la puerta de salida, decir la ubicación exacta del otro laboratorio secreto y revelar el sitio del cuarto en donde se manejan las cámaras de seguridad. El herido científico miraba con rabia a los ojos de su agresor, sin pensarlo mucho el agente secreto ejecutó al desarmado hombre.
El infiltrado se dirigía a las cámaras de vigilancia; sin embargo decidió mejor activar desde la computadora principal la secuencia de autodestrucción, así destruiría con una gran explosión todo el complejo y por ende las evidencias de lo que hizo. Él caminó por un largo pasillo hasta llegar al frente de
una gran puerta de acero blindado, ella se había cerrado producto de aquellas alarmas, atrás de allí estaba un enorme elevador el cual lo llevaría hasta la superficie, hizo pasar en el panel electrónico de esa puerta la tarjeta de seguridad; pero sorpresivamente la pantalla decía: ¡Acceso denegado! pensó
que la estaba introduciendo al revés, introdujo de nuevo la tarjeta y para su temor el mismo mensaje apareció, nerviosamente no supo que hacer por instantes y cuando Alfred quiso regresar a buscar la verdadera tarjeta, la cuenta regresiva era de: tres, dos, uno. Inmediatamente los habitantes de un pueblo sobre la superficie terrestre, salieron corriendo temerosos de sus casas, al sentir un fuerte sismo que sacudió bastante toda aquella región.

Trabajo encubierto Relato por César Henrríquez Juárez