Un amor diferente

Un amor diferente – Relato dramático

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Un amor diferente

Siempre había soñado estar junto a ella, así, justo como en ese momento, pero no en esas circunstancias.

Todo había sido un mal entendido e iba a ser condenado por ello. Era, para él, injusto, pero ¿a quién apelar? Nadie le creería. Todos se fijarían en aquellas lágrimas de cocodrilo que emanaban de la mujer, tan fácilmente como una grácil llovizna en una obscura noche de invierno.

La había tocado, sí. La había besado y la había acariciado, pero todo con pleno consentimiento de la musa. Es más, ella misma se había acercado, le había seducido e invitado a su casa. Al pasar la puerta se había abalanzado sobre él y, como si de un sueño se tratara, se dejó llevar.

De un momento a otro, todo cambió. Ella se alejó y empezó a gritar. Sin cuidado alguno se refugió en un rincón lejano mientras el hombre, en shock y sin saber qué hacer, la seguía atónito con la mirada. Alguien entró por la puerta principal y viendo la escena que se presentaba explícita frente a sus ojos, creyó lo que quiso creer.

El acusado se puso en pie e intento explicar a tartamudeos lo que se presentaba, pero no le dieron la ocasión. La gente seguía entrando a la pequeña sala y todos le apuntaban con el dedo, mientras algunas mujeres intentaban calmar a la hermosa embustera que yacía sin pudor alguno acurrucada contra la fría muralla.

Lentamente el desconcierto comenzó a transformarse en miedo, mientras entendía inconscientemente a lo que había sido expuesto, para finalmente llenarse de cólera.

Fatal error.

Caminó hacia la frágil mujer y al estar a su alcance, la tomó de los brazos, la levantó y comenzó a sacudirla con fuerza, mientras le gritaba.

La escena no tardó en llegar a su fin. Varios hombres se abalanzaban sobre él para quitarle a la delicada figura que por un instante le sonrío con suficiencia.

Aquella figura angelical, aquel ser que le hipnotizó, aquella mente retorcida y soñadora; era la única que lo visitaba en su agonía. Fue encarcelado sin pruebas, sin testigos, sin culpa. Sin embargo, ella le aseguró hasta el último momento, bajo palabra de genuino amor, que lo hizo por él… Por ellos. Que le amaba y fue la única forma que encontró para que fuese solo suyo.

Fue por aquellas noches cuando su esencia poco a poco se desvaneció. Luchaba constantemente con su raciocinio, sus latidos y sueños. Comparando la realidad con la débil y ambigua lógica de ella. Intentando justificarla, pensando en que, en alguna medida, eso era normal.

Nunca más pudo recuperar la total cordura, nunca más supo discernir qué sentía en realidad; ni aun el día de su muerte pues, se fue creyendo odiar a quien amaba y sintiendo amar a quien quería odiar.

Un amor diferente – Relato dramático por Amely